¿Por qué nos quedamos en eso?

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Comentamos asombrados la forma en que Laura Acuña supuestamente se despachó contra el personal de la peluquería D´Norberto porque, según ella, el servicio que le habían prestado no era de calidad. Disfrutamos viendo cómo vociferaba y se quejaba ante los lentes de una supuesta cámara escondida mientras les mostraba a los empleados cuán mal le habían hecho el pedicure y la tintura del pelo. Días después, en una forma de congraciarse con el público colombiano, la escuchamos explicar cómo este había sido un montaje orquestado por ella misma para burlarse del programa de chismología criollo, La Red.

Vimos todos y seguimos todos el karma de la presentadora Jessica Cediel quien, por tener las nalgas más grandes, redondas, firmes y bellas del país se sometió a una cirugía de implante en sus, ya de por sí, bellas posaderas. Implantes que, con el paso de los meses se infectaron generándole un grave problema de salud que, vimos todos, se le complicó gravemente. Sus anteriormente admiradas nalgas, se descomponían ante nuestros ojos y su drama se había convertido, gracias al lente del periodista Pirry y sus “descarnados” comentarios, en tema de conversación obligado.

Y también nos enteramos del rifirrafe entre las presentadoras de los programas Yo me llamo, Amparo Grisales, y Factor X, Marbelle en el cual ambas se lanzaron, por medio de entrevistas o vía Twitter, dardos envenenados en relación a sus cualidades personales y profesionales y la calidad de sus programas.

Y todos estupefactos. Tomamos partido por alguna de las partes, opinamos esto, lo otro e incluso llegamos a pelear entre nosotros defendiendo nuestras posturas. “Esa siempre ha sido una arpía, ahí está pintada”; “yo no le creo ni cinco ese cuentico del montaje: eso era para lavar su imagen y dárselas de la chistosa”; “eso le pasa por andar metiéndose vainas en el culo. De malas, que sufra por pendeja”; “pero si ella no tuvo la culpa, fue engañada”; “la pobre es una víctima de una sociedad de consumo y de los dictámenes del inhumano mundo del entretenimiento donde todos tienen que ser y permanecer bellos para no perder vigencia”; “Marbelle es una deslenguetada, que eso le pasa por sapa”; “lo que pasa es que ambas son unas divas”, etc., etc., etc., Y así, fácilmente, se nos puede ir un día entero de trabajo (a mí ya se me fue más de una hora, qué bestia).

Pero, ¿por qué pasa lo que pasa (y probablemente seguirá pasando), siendo este un país de tantas noticias? Siendo este un reino de la pobreza, la desigualdad, la criminalidad, la corrupción, la desidia administrativa, las catástrofes naturales, los políticos descarados y desfachatados y de los hampones descarados y desfachatados, ¿por qué seguimos consumidos con estas noticias? Porque uno hasta podría entender que países más desarrollados, en donde una gran porción de su población tiene su vida, mal que bien, arreglada u opciones reales para poder hacer algo de ella, le gasten horas a ese tipo de noticias. Pasa lo mismo en Estados Unidos con sus Britney Spears, sus Lindsay Lohans y sus Tiger Woods. En España (esos sí que se dan garra) con sus reyes, reinas, vizcondesas, futbolistas y Davides Bisbales. Pero, ¿nosotros?

Así como estamos encantados con esos estudios “científicos” que miden el nivel de felicidad de las naciones, en los cuales siempre ocupamos los primeros lugares (vaya idiotez), deberían gastar unos dolaritos más haciendo uno que mida el tiempo, en promedio, que las poblaciones de los países gastan, viendo, leyendo y comentando las noticias del entretenimiento. En ese seguro, también estaríamos supremamente bien rankeados. Hagan el estudio sólo una vez. Sólo para que nos demos cuenta de en qué se nos va la vida mientras que nuestra sociedad siguen en las mismas y en beneficio de los mismos.

Hace unas semanas el escritor Óscar Collazos, decía en una columna: “Somos felizmente superficiales: la noticia del desastre quirúrgico de Jessica Cediel tuvo más seguidores que los crímenes de las Bacrim”. Tiene toda la razón. Pero, ¿por qué?; ¿por qué nos gusta (tanto)?

  • Mr Lucas me decepciona su nota,

    El hecho de que en la fiscalia.com se la pasen hablando de Laura Acuna no quiere decir que la mayoria se la pase en ello, en absoluto.

    Amigos mios, de mas de 30 todos, me han dicho que desde que tienen internet no ven television, mas aun, desde que tienen cable no ven los canales colombianos.

    El mainstream en Colombia no reconocera ello claro, porque sino como cobran fortunas por sus epacios comerciales.

    Incluso cuando yo era pelado, y no habia internet ni cable, la mayoria de los muchachos del barrio se iban a jugar billar antes que ver tan retrasada programacion.

    La programacion de estos canales se quedo con las anteriores generaciones. Cada dia este publico es menos -los viejitos se van muriendo- Caracol y RCN son canales para asilos.

    Las generaciones nuevas no los ven.