Pero si aquí no existe la responsabilidad política

El investigador del Instituto de Investigaciones jurídicas de la UNAM, Daniel A. Barceló definió el concepto de responsabilidad política como, “(…) el deber de todo individuo investido de autoridad pública con respecto a otros, los gobernados, que en un sistema democrático representativo delegan en forma condicionada el poder de gobernar”. Y continúa: “La responsabilidad política se extiende sin excepción a todos los mandos superiores del gobierno del Estado, esto es, al jefe del Poder Ejecutivo de los Estados y los miembros de su gabinete; a los representantes populares del Poder Legislativo; a los jueces superiores del Poder Judicial; a los miembros de los consejos de los órganos constitucionales autónomos unimembres y colegiados, así como a los regidores de los Ayuntamientos”.

El investigador incluso asocia este concepto con la democracia misma, al sostener que: “La existencia de la responsabilidad política de todos los funcionarios de los órganos del Estado es un elemento esencial que define al sistema político: si existe, el sistema político es democrático; si no existe, el sistema político es autoritario”.

Por su parte, el profesor e investigador inglés, Anthony Birch sentenciaba: “(…) los ministros de las diferentes carteras son responsables de que el gobierno implemente una política pública inteligente, independientemente de si esta cuenta con la aprobación inmediata del público”.

Lamentablemente, en este país no entendemos qué significa este concepto y, no obstante, lo usamos y manoseamos todos los días, al tiempo que estalla el siguiente escándalo de corrupción. El último, tras la sentencia a 25 años de prisión del “buen muchacho” Jorge Noguera tras su comprobada relación con altos mandos de la autodefensas a quien les entregaba información para que estos, a su vez, eliminaran a los personajes “incómodos” que pudieran amenazar con alterar su statu quo.

Al saberse la condena, el senador del Polo Democrático Alternativo, Luis Carlos Avellaneda, afirmó que: “ (Álvaro Uribe) Debe asumir responsabilidad política por haber nombrado a Noguera como director del DAS”. Y sí, esto es lo que debe suceder. Pero para el ex presidente, la responsabilidad política se traduce en un simple “perdón” por haber confiado en quien parecía ser un “buen muchacho” con una “buena hoja de vida” y que pertenecía a una “buena familia”.

A lo que uno se debería preguntar: ¿dónde está el deber del individuo investido de autoridad pública con respecto a sus gobernados?; en medio de todo este episodio, ¿dónde está la responsabilidad del gobierno de llevar a cabo una política pública inteligente?

Podrán decir quienes critican a quienes criticamos al anterior gobierno que, dónde queda entonces la responsabilidad política del, hasta hace poco, alcalde de Bogotá Samuel Moreno. Y tienen razón: se encuentra en la misma encrucijada que en el anterior caso. El hecho de haber dejado hacer; el haberse rodeado tan mal; y el hecho de haber dejado que se tumbaran los recursos de la ciudad de la forma en que lo hicieron los contratistas, los intermediarios y sus amigotes políticos cercanos, le acarrea una buena dosis de responsabilidad política. Sólo por eso, debió renunciar en el momento en que se comprobó el primer robo.

Así como nuestro célebre ex presidente Álvaro Uribe cuando se comprobó que el DAS, bajo su acción u omisión (aún no lo sabemos) se convirtió en la empresa delincuencial que se le comprobó.

La responsabilidad política atañe a todo servidor público sin distingo de la “causa política” que lo respalde. Como una muestra de respeto hacia quienes votaron por ellos y por quienes no; como una muestra de dignidad personal y profesional (por encima del cargo y la plata); y como un mecanismo que legitime este sistema político como realmente democrático, la responsabilidad política debería aplicar en todos los casos. Ahora, entre mayor sea el cargo que se ostente, más consciente debe ser el ciudadano de la responsabilidad que implica su ejercicio. La responsabilidad política debería ser una forma de dar ejemplo de que los errores propios o ajenos le atañen a quien debe dar la cara por la gestión de su cartera. Es complejo, pero así funciona el sector público. Si no, váyanse al sector privado en donde pueden jugar con la plata ajena sin irrespetar los bolsillos de los contribuyentes.

Afirmaba el senador Roy Barreras, codirector del Partido de La U, que “Jorge Noguera traicionó a todo el país y a un jefe de Estado que lo defendió hasta el último momento”. No doctor Barreras: quien traicionó al país entero fue Uribe, al haberlo nombrado desde un comienzo.

  • milton

    Si estuvieras en el Espectador/Tiempo/Semama etc, ya estaria esto lleno de comentarios alabando y defendiendo a Uribe