Facebook: del chisme al “tumbe”

Entusiastas egipcios, en su mayoría jóvenes, usaron la popular herramienta el mes pasado para organizar una de las revueltas más numerosas en la historia de los países árabes.

Según dice un reciente reportaje de la Newsweek, un gerente de marketing de Google, Gael Ghonim, fue unos de los principales promotores vía Internet, incitando a millones de egipcios a que salieran a las calles a pedir la salida del entonces presidente Mubarak. Y, al parecer, su iniciativa se convirtió en una bola de nieve. Ya una vez concluida la jornada, con el resultado que todos sabemos, uno de sus promotores internautas dijo querer entrevistarse con su fundador, Mark Zuckerberg, para agradecerle por su creación.

Pero esto no es nuevo. Hace un par de años el actual presidente Obama la uso para vender su causa como fresca, jovial y novedosa. Ese mismo año, un colombiano la usó para coordinar una marcha multitudinaria en contra de las FARC, y no sólo en Colombia.

Lo curioso del caso es que este joven genio no lo pensó así al empezar su proyecto. Se trataba de una herramienta juguetona, un club social virtual, en la cual podríamos compartir con nuestros “amigos” nuestros chismes personales y, al paso, coquetear con quien siempre quisimos pero, por una u otra razón, no tuvimos las agallas de hacerlo en persona. Pero, convertirlo en un instrumento en el cual pudieran interferir en los asuntos internos de los diferentes países del mundo: jamás.

Ahora sus dueños están en primera plana. Con esto, los países árabes pueden estar viendo a Facebook como una amenaza para su “estabilidad”, lo que repercutiría en la negación a que opere en sus feudos. Por su parte, el gobierno chino está que no sabe cómo impedir la incursión del programa mientras los señores fundadores, conscientes del potencial que representa un mercado de miles de millones de personas, están que no saben cómo hacer para quedar bien con sus majestades los gobernantes vendiendo la aplicación como una herramienta amigable y “políticamente correcta”.

El debate está abierto. ¿Hasta dónde las herramientas que provee la Internet se pueden convertir en los nuevos actores internacionales?; ¿hasta qué punto, seguirá creciendo este gigante, cambiando la forma en que nos relacionamos entre nosotros, con nuestros políticos y con nuestros gobiernos (bueno, los privilegiados que tenemos acceso a la Internet, claro está)?

Que la ONU y su inoperante Consejo de Seguridad se hagan a un lado. Parece que ahora sí llegó el verdadero organismo internacional: el verdadero árbitro. Si queríamos saber para qué es que serviría esta, tantas veces, mencionada “democratización de la información”, que revisen lo que acaba de pasar en el principal país musulmán del mundo.

Podemos querer o no al Facebook. Podemos (como yo), ser de los que lo criticamos en público pero, en privado, echamos una ojeada al día para perder unos minutos en medio de su contenido frívolo. Podemos, también, ser “rebeldes” y cerrar nuestras cuentas o, simplemente, nunca abrir una.

No obstante, lo que ha quedado en evidencia con este episodio es que la Internet y, su segunda herramienta más popular, Facebook, van a seguir dando de qué hablar. ¿Hasta qué punto lo podrán seguir bloqueando los autócratas a través del mundo? Los siempre inquietos ingenieros, de alguna forma u otra, encontrarán un hueco para filtrar la red. ¿Es este el Nuevo Orden Mundial y no nos hemos dado cuenta por estar tantas horas al día al frente de una pantalla?