La legalización que no fue

Por el no votó el 53.9%; por el sí el 46.1%. Aunque aun algunos optimistas sostengan que, de por sí, la votación haya representado un triunfo en sí mismo, el hecho es que los marihuaneros californianos tendrán que seguir consiguiendo permisos médicos para seguir consumiendo sus porros de máxima calidad. ¿Se perdió la batalla, pero no se perdió la guerra? Tal vez: pero el camino que tienen por delante los promotores de la Proposición 19 es todavía largo y arduo.

La iniciativa buscaba legalizar la posesión, el cultivo y la movilización de la droga para el consumo personal a partir de los 21 años. Permitía, asimismo, a los gobiernos locales regular estas actividades, como la imposición de impuestos relacionados con la marihuana al igual que algunas penalizaciones de tipo criminal y civil. Por otro lado, para la “tranquilidad” de la sociedad californiana prohibía su posesión en los colegios, su uso en espacios públicos, fumar bajo la presencia de menores y suministrarla a estos mismos menores.

Los argumentos en contra fueron variados. Que los empleadores californianos que compiten por contratos públicos que son financiados por el gobierno federal no podrían candidatizarse a esos contratos porque la Proposición les prohibiría establecer criterios en relación a ambientes laborales libres de droga subrayados por el gobierno; además, que estos empleadores no podrían despedir trabajadores que fumaran en trabajos sensibles como el manejo de maquinaria pesada o el trabajo en un laboratorio médico; o que la proposición no incluía una definición sobre el “manejo bajo la influencia de” y, como resultado, llevaría a que los conductores manejaran trabados por las peligrosas autopistas californianas.

Además, que, ¿por qué agregarle otros problemas a la sociedad tras todos los daños causados por el alcohol y el cigarrillo?; que haría más difícil para la policía hacer pesquisas sin permiso; y que conllevaría a un abuso de la sustancia en el Estado y los costos públicos de las consecuencias de esto excederían los recursos que se conseguirían con la legalización de la mata.

 

Ahora los argumentos a favor. Primero, el ahorro de recursos a nivel estatal y local, estimados en decenas de millones de dólares al año, en relación a las personas encarceladas o en libertad condicional. Esto, a su vez, permitiría el uso de estos recursos ahorrados para la protección de otras leyes criminales. También, que podría reducir los costos del programa estatal de marihuana para usos médicos ya que los adultos participarían menos en tales programas al serles más fácil obtener la droga, llevando a que este programa, en el mediano plazo, no sea necesario y, por esta vía, el Estado también ahorraría recursos.

Además, el gobierno de California ha estimado que los impuestos a la droga les representarían alrededor de 1.4 billones al año. Nada mal para un Estado cuyo déficit es de 19 billones. Y por último, y aunque no dicho formalmente no por ello menos importante, se encuentra el argumento sobre la realidad. Esto es, que esta medida ayudaría, un poco, a dejar la hipocresía de una sociedad que fuma, que le gusta, que lo va a seguir haciendo y cuyo consumo todavía no se ha podido probar, sea irreparablemente nocivo para el ser humano. ¿Que esta droga sea el trampolín para el consumo de otras drogas, estas sí, letales para la persona? Eso sí ya entra en el fuero personal. En otras palabras: eso ya es problema de cada uno.

Pero bueno, el hecho es que la iniciativa no pasó. El hecho es que, aunque haya pasado, eso no hubiera implicado un cambio en la política gubernamental contra loas drogas. Tan sólo hubiera sido un pequeño triunfo cuyo impacto en la política oficial hubiera sido muy incierto. Que habría aportado un elemento muy interesante para el debate, eso sí no me cabe ninguna duda. El camino es largo pero la pelea se tiene que seguir dando y esto hubiera sido un pequeño triunfo que, al menos, habría obligado a la discusión sobre esta fracasada política en los más altos niveles (aún en contra de los “principios” de muchos de nuestros líderes).

El hecho es, también, que algunos argumentos que esgrimieron los opositores tienen validez. Seguir luchando por desmentirlos o regular aquellos huecos que la proposición evidentemente tenía, serán algunas de las tareas por delante. Porque, por más de que estemos a favor de medidas como esta, no hay que olvidar que estamos hablando de una sociedad que se mueve por el miedo y la prevención y, desafortunadamente, hay que darle todo masticado, no va y sea que les sigamos dando elementos para que, ahora sí, nunca salgan de sus casas.