¿Qué es más sensato, retirar a un ilegal alzado en armas, o evitar que ingrese a los grupos insurreccionales?

A mis manos llegó hace poco un interesante documento tituladoAlgunas consideraciones cuantitativas sobre la evolución reciente del conflicto en Colombia en el que el rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, José Fernando Isaza y el investigador Diógenes Campos hacen un recuento del desarrollo de la guerra en estos últimos años y el desbordado gasto militar que ha conllevado estos últimos lustros de “darnos plomo.” En medio del documento, los autores sueltan la pregunta que titula este corto escrito. Y aunque muchos la pueden dejar pasar desapercibida, en gran medida, es el embrollo del conflicto armado en Colombia.

Ahora veamos las cálculos que nos muestran cómo realmente se ha desbordado el gasto militar en Colombia. Tomando cifras de 2006, los autores calculan que entre capturados, abatidos y desmovilizados se contaron 9.565 personas. Teniendo en cuenta el presupuesto de $5,9 billones de las F.F.M.M. para ese entonces, se tiene que el costo unitario por baja, captura o desmovilización de un guerrillero llegaba a los $616 millones en ese año.

Continúan los autores,“si se tiene en consideración que de cada 100 guerrilleros retirados, 84 nuevos entran a la subversión esto implica que para lograr un retiro “efectivo” en un período de 4 años, el costo económico supera los $1.000 – 1.500 millones”. Entonces sí, la guerra sale cara. Con razón los recursos se quedan tan cortos cuando se necesitan para solventar todas las crisis sociales que nos agobian.

Sigue el documento, “(…)En opinión de Javier Fernández, otra forma efectiva de desestimular el reclutamiento ilegal y propiciar el legal es mediante la expansión de los programas de soldados campesinos”. ¿Será que para el investigador Fernández las pobladores de estos municipios olvidados quieren seguir peleando?¿Qué le puede importar a uno de estos jóvenes desamparados pelear de un bando o del otro? ¿A cuál Estado, a cuál patria va a defender? ¿Esa que los tiene olvidados?; ¿esa que sólo aparece vestida de camuflado y que se gasta cientos de millones en buscar el sometimiento del otro y no en buscar oportunidades para que aquél pueda llevar a cabo una vida decente, hasta donde sea posible? Con lo que volvemos a la pregunta inicial que titula esta breve reflexión. Qué será más sensato entonces: ¿invertir en curar la enfermedad o en prevenir que se presente? Tal como ha pasado con la salud de este país, vivimos en un sistema de enfermos y, como bien afirman los más ilustres economistas, sale mucho más caro curar la enfermedad que evitar que se presente. Tal vez sólo hay que meterle un poco más de cabeza.