La música te da sorpresas

En la ciudad de Nueva York, tres disc jockeys fueron encontrados muertos. Ese hubiese sido el último crimen de Pedro Navaja, si la Fania Records no hubiese publicado el segundo disco de la dupla Blades-Colón. El trío de imprudentes estuvo a punto de convencer a Jerry Masucci, el big boss del sello musical, de tirar a la basura una obra maestra. Las razones eran varias, y se las contaré en breve. Por suerte, los pinchadiscos sobrevivieron, y no consiguieron fumigar la siembra salsera que iba a cosecharse por montones en Latinoamérica.

Era 1978, nos encontrábamos en La Tierra Sound Studios, en Broadway. Yo era un sonidista raso de la Fania que estaba allí solo para ponerle play a las siete canciones de ese álbum virgen llamado Siembra. Bajo el argumento de que “los DJ’s son los oídos del mundo”, Masucci había invitado a tres supuestos videntes de música exitosa. Y esto fue lo que dijeron:

Track 1 – “Plástico” (6:37)

DJ1: Música disco con salsa: interesante. Es pegajosa, aunque demasiada palabrería. La gente no está acostumbrada a bailar discursos sociales. Un tema más, mal arranque.

DJ2: Yo no sé qué busca Blades con sus letras comunistas. ¿No le bastó son su tal Pablo Pueblo? Quién se cree al decir “Nicaragua sin Somoza”; que se esconda mejor.

DJ3: Más de seis minutos, casi siete, en ninguna emisora la ponen.

Track 2 – “Buscando guayaba” (5:43)

DJ1: Rescato la imitación de guitarra que Blades hace con la boca; sin embargo, la canción en conjunto no me convence del todo. Exceso de pregones al final, cansa.

DJ2: ¿Qué carajos es mento? ¿Mendo? ¿Mentol? Hay un doble sentido que no me gusta nada. Estos dos payasos no hablan claro.

DJ3: Si se le corta la introducción y el solo de boca, podría ser una canción de cuatro minutos. Habrá que probarlo.

Track 3 – “Pedro Navaja” (7:21)

DJ1: Un ‘Mack the Knife’ latino. Buen intento, sí, pero nadie va a quitarle el trono a una obra que se ha cantado por medio siglo.

DJ2: La salsa no es un cuento para dormir. Esto parece escrito por un niño de 11 años. Mucho ruido, mucho ruido en este tema.

DJ3: Si acaso la ponen en emisoras de música clásica. Son dos canciones de tres minutos y cuarenta segundos, que la partan: parte uno y parte dos.

Track 4 – “María Lionza” (5:27)

DJ1: Esto es como una salsa góspel. La siento aburrida por momentos. Tiene buenos arreglos de bajo, se notan las virtudes musicales de Colón. Si no hay nada mejor, podría ser el single.

DJ2: Políticos y ahora religiosos. ¡Quién los entiende! Que la dejen tranquila a esa virgen de indios venezolanos, que de este fiasco no los salva nadie.

DJ3: Ya estamos en el lado b. Increíble, ese vinilo debe pesar más de lo normal.

Track 5 – “Ojos” (4:50)

DJ1: No inspira comentarios, es una canción cualquiera, un infaltable relleno.

DJ2: Respeto a Johnny Ortiz, tanta habladuría de Blades me tenía hinchado, pero un disco no debe decir tantas veces América Latina. Por favor.

DJ3: Al fin algo que no supera los cinco minutos. Si me pagan, la pongo a sonar en mi emisora.

Track 6 – “Dime” (6:59)

DJ1: Tiene el sabor. La letra se queda corta, demasiado repetitiva.

DJ2: Después de tanto discursito barato, ¿quién va a querer escuchar un tema de amor? Este es un disco de música protesta, que no se pongan de románticos porque sí.

DJ3: Me gusta. La programaré de vez en cuando en la franja de la madrugada.

Track 7 – “Siembra” (5:21)

DJ1: Debo reconocer que esos violines son espectaculares, inspiradores… Aunque vuelven confusa una canción que traspasa las fronteras de la salsa.

DJ2: Si bien recuerdo, en el disco anterior Blades dijo que se iba de Nueva York. No entiendo qué sigue haciendo acá, y creyéndose el mesías de los latinos.

DJ3: Fui al baño, regresé, y este tema todavía sigue sonando.

Masucci estaba pálido. Llamó a los demás ejecutivos de la Fania, los puso al tanto de los comentarios, y en seguida llegaron Rubén Blades y Wille Colón. Les dijeron que el disco era un desastre, que ninguna canción iba a estar cerca del top de las listas, que no podían publicarlo. Los dos músicos defendieron la honestidad del álbum, las historias de calle que le suceden a todo el mundo, y pidieron una oportunidad para los oídos de la gente latinoamericana. Pero los tipos de corbata tildaron a Blades de loco, y uno de los DJ’s vaticinó la muerte comercial y profesional de Colón.

Después, cuando los ánimos se calmaron un poco, la Fania aceptó darle un chance a Siembra. Sacaron a la venta mil copias para probar y no perder sin dolor, aunque luego tuvieron que imprimir 25 millones más. El disco, hasta el día de hoy, es el más vendido en toda la historia de la salsa. Se convirtió en banda sonora de Puerto Rico, Panamá, Colombia, Venezuela, y todos los demás países que se nombran al final de “Plástico”.

Cuando hablamos con Rubén sobre esto, entre otras cosas, me dice: “Nunca se sabe lo que va o no a funcionar”. Mucho menos en la música.

*Basado en artículos de prensa e información de la página www.siembra30.com

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