Así se robaron el punk

los_saicos_450

Malcolm miró la tele por diez minutos. No necesitó más para planear los diez años siguientes de su vida. En la pantalla a blanco y negro estaban presentando El Show de Los Saicos, un programa de entretenimiento que semanalmente se transmitía a todo Perú. Allí cuatro jóvenes se dedicaban a hacer lo que les diera la gana: payaseaban, entrevistaban o tocaban canciones, esas mismas que cautivaron a Malcolm. “Esto suena a los setenta”, se dijo. Y eran los sesenta.

Primeramente llamados Los Sádicos, Los Saicos eran una banda de rock que germinó en el barrio limeño Lince, en 1964. Al igual que otros grupos pioneros de Latinoamérica, se formaron luego de encantarse con Elvis Presley, Bill Halley, Beatles y demás sonidos que revolcaron a jóvenes de todas partes. Se creían chicos malos y rebeldes: ‘James Deans’ del sur.

Cuando Malcolm descubrió a Los Saicos, se encontraba en el Gran Hotel Bolívar de Lima. Estaba en la mitad de sus 19 años, y venía de una metrópoli en busca de cualquier oportunidad para volverse rico en el subdesarrollo. Y el chance le llegó con prisa: en tierras históricamente atrasadas oyó el futuro.

El joven de pelo rubio se propuso vender la estética musical de Los Saicos de Perú en otras latitudes, sin que ellos ni el mundo jamás se dieran cuenta. Lo primero que hizo fue conseguir los discos, tarea fácil pues Los Saicos sonaban mañana, tarde y noche en las emisoras peruanas, y por tanto estaban en cualquier vitrina musical. Sin dolerle, compró un cargamento de 50 sencillos de la banda que tenía un aire parecido a The Sonics y The Trashmen, pero que además era dueña de una onda violenta que Malcolm no había percibido en ningún otro lugar.

Y se fue por las mismas. No podía dejar ningún rastro en Lima, y al día siguiente agarró el primer vuelo a Nueva York. Allá se encerró a escuchar Los Saicos como si fuera un junkie de la música. Comprendió las notas, los ritmos, la distorsión, el ruido, la sencillez. Tradujo letras sobre chicas, fugitivos, animales salvajes, demolición, locura. Y concluyó que no había mejor genialidad que los gritos de Los Saicos: el alboroto frenético de perros rabiosos.

Luego se fue a golpear las puertas de las disqueras. Malcolm habló con los gerentes de los sellos Sire, Philips, Virgin, Elektra y Mercury. Consiguió las citas porque se hizo pasar como dueño de un centenar de emisoras en el sur de América y Asia. Cuando veían que era un simple adolescente con acento inglés, Malcolm sorprendía con una idea multimillonaria de ventas musicales. Era un brujo: estaban en el 66 y vaticinó que el rock pronto se volvería complejo y artístico, con espacio exclusivo para los músicos virtuosos. Y que además iba a llegar otro punto en que todo lo anterior tendría que ser rechazado para generar un nueva corriente sonora y posiblemente ideológica.

Los empresarios le decían que muy interesante su predicción pero que ellos no negociaban con ilusiones. A lo que Malcolm respondía con un vinilo debajo de la manga: la música del más allá, Los Saicos. Si los gerentes querían matar su curiosidad, tenían que pagar. Y así fue.

Recibida la primera parte del dinero, Malcolm después vendía el plan para que el ‘sonido saico’ se convirtiera en pop. “¿Más plata?”, se preguntaban las disqueras. “Sí, más”, respondía el joven. En realidad, solo cobraba por ser paciente y saber cuándo iban a llegar las condiciones propicias para que naciera un género musical simple y rudo. Se comprometió, además, a encontrar a Los Saicos del primer mundo, que por ningún motivo iban a vestirse como los del tercero: con camisas y pantalones elegantes. Todo lo contrario, serían exponentes de una moda punzante, algo así como jeans rotos y chaquetas de cuero.

Otra vez, las disqueras desembolsaron. Únicamente le pidieron un adelanto a Malcolm: el nombre de todo eso que cocinaba en su cabeza. “Punk”, respondió. La palabra le parecía la apropiada para habar de un género musical protagonizado por jóvenes inexpertos y errantes. Tranquilos, les dijo el negociante, ya llegará el crítico musical que lo bautice oficialmente.

¿Y qué pasó con Los Saicos? Luego de vender más discos que los Beatles en Perú, el grupo sufrió un mal que padecieron muchos de sus colegas latinoamericanos. A la moda del rock and roll se la llevó el viento y Los Saicos, aburridos de verse las caras, no tuvieron más que irse a cumplir otros destinos sin darse cuenta. Cuando explotó el punk en el norte, estaban tocando salsa y no se sintieron aludidos. Y en todo el tiempo que pasó después, fueron astronautas. Cada quien por su lado.

Así las cosas, Malcolm tuvo el terreno libre para que su supuesto invento se hiciera una realidad. A finales de los sesenta, recorrió uno a uno los barrios del noreste de Estados Unidos para encontrarse con los protagonistas de la futura historia del rock. Empezó con los abanderados del proto-punk, cultivadores del germen musical. Sin decir nombres para evitar demandas, Malcolm se hizo amigo de un tipo sin camiseta, de unos blancos con afro y de unos cuantos ‘glameros’.

Luego se dedicó a inspeccionar cuidadosamente las calles de Nueva York y Londres para encontrar a los íconos del movimiento que se venía venir y nadie iba a parar. A quienes Malcolm percibía como rebeldes, marginados, perdedores y sin rumbo, les daba un disco de Los Saicos. Les decía que para hacer ese ruido no se necesitaba ser Jimi Hendrix, que podían cantar sobre cualquier cosa que los divierta o los enferme, que tenían que vestirse sin elegancias. Y que si hacían todo eso bien, iban a ser los próximos adalides del rock y nunca nadie los iba a olvidar. No tenían que pagarle nada por la estrategia, la única retribución era el silencio eterno.

Perfecto. Todo salió perfecto. Listos los grupos, las disqueras hicieron su trabajo: publicidad, conciertos, emisoras, televisión, managers astutos, mercadeo, etc. Se hizo el punk y todo lo que esa palabra despierta en la imaginación. Ya no le quedaba más por hacer a Malcolm, las crestas solitas iban a escribir todo lo que seguía y sigue. El joven negociante se perdió en las tierras secretas de la industria musical.

Luego, cuando ya había iniciado un nuevo milenio, melómanos de todo el planeta poco a poco fueron desempolvando a Los Saicos. Nadie podía creer que en un país andino se había hecho punk una década antes de su nacimiento oficial. Las reediciones de los discos no se hicieron esperar, y en un hecho inusitado la banda se volvió a reunir. La fama los volvió a saludar cuatro décadas después, con giras, homenajes, prensa, documentales y una placa en las calles de Lince que expresa: “En este lugar nació el movimiento punk rock en el mundo”.

Pero los cuatro peruanos no se pusieron a la tarea de reclamar los derechos patrimoniales y morales del punk. Llenos de humidad, aseguraron que nunca tuvieron conciencia de haber estado creando un sonido nuevo y adelantado a su época. Para ellos, todo era un chiste. Gritaban porque simplemente no sabían cantar. No se percataron de lo que inventaron, pero Malcolm sí.

*Malcolm no existe. Los Saicos, sí; y también es cierto que hicieron punk a mediados de los sesenta.

  • adan

    el entierro de los datos = punk puro es el genesis

Network-wide options by YD - Freelance Wordpress Developer