Los Misfits tomaron Yagé

Por mucho tiempo fue un rumor. Se decía que el concepto lírico y visual de Los Misfits venía de un viaje que habían hecho a Suramérica cuando todavía eran una banda de garaje. El cuento era que, en los montes de los Andes, habían tomado una pócima que los inspiró a crear todas las canciones que le dieron vida al horror punk. Esa era la teoría de sus fans de culto, que no se conformaban con la típica explicación de la influencia de las películas de terror en la banda de New Jersey.

El secreto se reveló en 1997, cuando el periodista Jay Youngster entrevistó a Jerry Only, bajista de la banda y único miembro que ha estado de principio a fin. La entrevista fue publicada en un fanzine de Michigan llamado Bones, que para la época imprimió 300 copias de las que hoy sobreviven no más de veinte. Un fanático de Dinamarca, que conserva dos de estos ejemplares, transcribió el relato sobre la toma de yagé de Los Misfits, y que presentamos a continuación.

Jay Youngster: Jerry, acaba de salir su disco American Psycho, el primer disco de los Misfits después de 14 años de inactividad y el primero sin su antiguo cantante Glenn Danzig. Sin embargo, no te voy a preguntar lo que toda la gente seguramente te está preguntando. Yo solo quiero hablar de un rumor que lleva mucho tiempo sin aclararse. ¿Es verdad que tú y Glenn tomaron yagé a finales del setenta?

Jerry Only: (Risas). ¿Qué? ¿En serio, Jay?

J.Y.: Muy en serio.

J.O.: Ok, te contaré… Eso exactamente fue en 1977, pocos días después de que Glenn me invitara a tocar en su banda. En realidad éramos un dúo, él con su teclado y yo con mi bajo que me habían regalado mis padres de navidad. Ensayábamos casi todos los días. Digamos que no hacíamos más que hacer ruido y ver películas de monstruos y calaveras. Uno de esos días salimos con un colombiano que era vecino de Glenn en Lodi, New Jersey, y que habíamos conocido por intermedio de Robo, el baterista también colombiano que tocó durante un tiempo con nosotros. Se llamaba Francisco. Era un tipo que no hacía más que hablar de las yerbas alucinógenas de su país. Hablaba mucho, pero mucho de eso. Cada vez nos despertaba más curiosidad por probarlas, y finalmente lo hicimos.

J.Y.: ¿Así de fácil?

J.O.: Creo que también influyó mucho el hecho de que William Burroughs había ido a Suramérica a probar Yagé, en los años cincuenta. Nosotros leíamos sus libros, nos gustaban, y en nuestra ingenuidad pensamos que si hacíamos lo mismo que él hizo, íbamos a escribir mejores canciones.

J.Y.: ¿Sirvió la ingenuidad?

J.O.: No puedo decir que todo lo que hasta hoy han hecho Los Misfits ha sido una consecuencia del Yagé, pero definitivamente lo que vivimos Glenn y yo nos marcó profundamente, y eso no ha dejado de aparecer en nuestra música.

J.Y.: Vamos desde el principio. En ese año tú tenías 18 años y Glenn, 25. ¿Cómo hicieron dos jóvenes que solo tenían una banda de rock para costearse un viaje a Suramérica?

J.O.: Resulta que el padre de Glenn era veterano de la segunda Guerra Mundial y por eso sus hijos tenían un descuento especial en vuelos internacionales. Como Francisco, el colombiano, nos ofreció estadía y todo lo demás en su país, fue más fácil planear todo. En últimas, creo que Glenn y yo únicamente pagamos nuestros pasajes con algo de ayuda de nuestras familias. En especial la mía, que invirtió todos los regalos de mi grado de colegio en el viaje.

J.Y.: No me queda claro por qué sus padres iban a apoyar de la nada un viaje a Colombia.

J.O.: Esa es una parte chistosa. Le dijimos a todos que en Colombia los equipos e instrumentos musicales eran más baratos que en cualquier parte del mundo, que en realidad estábamos haciendo una inversión. Casi nos matan cuando regresamos a Estados Unidos con las manos vacías (risas).

J.Y.: ¿En qué lugar preciso tomaron Yagé?

J.O.: Nosotros llegamos a la capital de Colombia, donde vivía la familia de Francisco, pero pronto seguimos viajando al sur del país. Cogimos unos buses destartalados y al final caminamos como 1 kilómetro para llegar al lugar indicado. No recuerdo muy bien el nombre exacto del sitio… Creo que terminaba en ‘doy’ o algo parecido. Lo que sí todavía tengo muy presente son esos paisajes tan hermosos. Era un valle enorme como un extenso tapete verde. Me acuerdo que Glenn dijo: “este es el cielo pintado de verde”. Y como bien sabes, el cielo no es una de nuestras palabras preferidas en nuestras letras, así que le dimos la vuelta a la palabra para componer una de las canciones de nuestro segundo disco.

J.Y.: ¿”Green hell”?

J.O.: Exactamente.

J.Y.: ¿Y qué siguió después?

J.O.: Ya en el lugar, fuimos a una casa de barro y techo de paja donde vivía lo que allá se llama un taita, que es como el médico de las comunidades indígenas. Era amigo de Francisco porque ya varias veces habían tomado yagé juntos. El taita era un señor muy cordial. Casi que no nos dimos cuenta que hablábamos diferentes idiomas. Nos trataba de una manera natural y acogedora. Cuando  empezó a anochecer, el taita se fue a preparar el yagé y nosotros nos dedicamos a esperar en silencio. Glenn y yo estábamos algo asustados. Alguien nos había dicho que podíamos quedar locos y eso nos atemorizaba. Pero las experiencias previas de Francisco nos daban la seguridad de que todo iba a estar bien.

J.Y.: ¿Qué es el yagé?

J.O.: Es una bebida oscura y densa. Sabe a yagé. No recuerdo que su sabor haya tenido comparación. En realidad, no fue muy agradable tomarlo. Pero después viene la experiencia más inimaginable que un hombre pueda tener.

J.Y.: ¿Qué tanto fue lo que viste?

J.O.: Es como si tuvieras 20 ojos en tu cabeza y con cada uno puedes mirar a los demonios que te persiguen en tu vida. Con esto me refiero a los miedos, las barreras, los pensamientos inútiles, en fin, todo es que te atormenta y que luchas por dejar atrás. Los 20 ojos te sirven para observar el interior de las cosas que no quieres reconocer cuando estás consciente. Aclaro que hablo desde mi interpretación, la que hasta el día de hoy sigue evolucionando.

J.Y.: ¿Lo tuyo fue muy diferente a lo que pasó con Glenn?

J.O.: Definitivamente. Él decía que su mente la habían poseído, que en un momento se sentía como un marciano. Se sentía totalmente transformado. Glenn vio de todo, desde una niña con la cara pálida y con la forma de un felino hasta zombis que invadían la tierra para exterminar la raza humana.

J.Y.: Pero parece más una experiencia aterradora.

J.O.: Hay momentos difíciles en los que te sientes en el infierno por no tener el más mínimo control de lo que te sucede. Pero ahí es donde el taita va hacia ti y te cura, te devuelve la tranquilidad. Era asombroso la manera en que rezaba y soplaba un humo que te hacía sentir protegido.

J.Y.: ¿Tuviste alguna clase de regresión?

J.O.: Sí, varias. Me sucedió algo chistoso con eso, y era que de niño le pedía permiso a mi mamá para salir a matar a todos mis compañeros de clase. Fue extraño. No recuerdo haber tenido ningún problema en mi infancia para haber querido matar a mis pequeños amigos (Risas).

J.Y.: ¿Qué le sucede a tu cuerpo mientras alucinas?

J.O.: El Yagé también actúa como un purgante corporal. En pocas palabras, cagas y vomitas todo lo que hay adentro tuyo. Es una limpieza que en el fondo es placentera. Con Glenn decíamos que vomitábamos como si hubiésemos desayunado, almorzado y cenado sesos de humano.

J.Y.: ¿Podías ver las reacciones de los demás?

J.O.: Por momentos. Fue gracioso ver a Glenn parado como todo un maestro de ceremonias y diciendo “bienvenidos al burdel del demonio”. Allí supe que estábamos saturados de historias de terror. Eso fue algo frecuente durante la noche porque era un tema presente en nuestras conversaciones y las ideas sobre lo que debería ser nuestra banda. Ambos vimos muchas calaveras, cadáveres, sangre de lobo, vampiros, demonios y todo eso que nos gusta. Fue como ver la película de terror más completa que jamás hayamos visto.

J.Y.: ¿En algún momento sentiste que el viaje no iba a terminar?

J.O.: Es fácil sentirlo si alucinas durante toda la noche. No estoy mintiendo: el efecto termina poco antes de que amanezca. Claro que sentí que mi corazón se moría, que ya la realidad no existía para mí, pero eso era también algo supremamente fascinante.

J.Y.: Me has hablado de experiencias que se han plasmado en sus letras, ¿pero hubo alguna influencia en el sonido a partir del Yagé?

J.O.: No. El punk ya venía desde la casa. Aunque nuestros oídos escucharon melodías mágicas esa noche, no están integradas en nuestra música. Tal vez en la canción “Bloodfeast” se pueden oír de fondo algunos ruidos que buscaban imitar el entorno sonoro del lugar, pero nada más.

J.Y.: Hace un momento me dijiste que aún no has terminado de interpretar todo lo que viviste.

J.O.: Han pasado 20 años y todavía me llegan disparos de imágenes sobre lo que pasó esa noche. Me marcó mucho a decir verdad. En este último disco, “The haunting” es una canción que busca por fin concluir el tema del yagé, pero seguramente allí no terminará.

J.Y.: Finalmente, ¿volverías a tomar yagé?

J.O.: Vamos a ver qué pasa si alguna vez Los Misfits vuelven a Colombia.

*Basado en las letras de las canciones de los dos primeros discos de The Misfits. De resto es puro cuento.

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