La sociedad que desapareció la infancia

Hay vanidades que tal vez empiezan con el tiempo. En mi caso, empecé a depilarme las piernas a los 16 años, al igual que las cejas, a maquillarme cuando entré a la universidad a los 17. Las uñas me las empecé a cuidar cuando cumplí los 18; sin mencionar una época en que me planchaba el cabello todos los días a los 19 y, ahora que tengo 21 me aburrí de hacer algunas de esas cosas: creo que me quitan tiempo.

Vivir así no fue nada fácil en su momento; iniciar esos hábitos tan “tarde” en comparación de mis compañeras de colegio que ya ejercían presión por mi falta de feminidad desde los 9 años. Fue complicado, pero ahora veo las fotos y me doy cuenta de la diferencia: simplemente lucía como lo ameritaba mi edad, como una niña. Acaso, ¿qué sabe una niña de 9 años de los conceptos de belleza?

Las etapas de la vida deben vivirse a su tiempo, son únicas y no se repetirán. Miro hacia atrás y veo que las viví en el momento indicado. A pesar de la presión que ejercían muchas de las personas que me rodeaban, nunca intenté aparentar ser más grande o convertirme en mujer a tan temprana edad.

Me pregunto si acaso está desapareciendo la infancia. Esta etapa de la vida que no existía en los imaginarios comunes antes del siglo XIX, cuando se preocuparon por analizar ese momento en que no se era bebé, pero tampoco se podían tomar decisiones como adulto. Esa transición fue vista como un símbolo de pureza. Por ello es la alarma en la situación que ahora envuelve cada vez a niños(as) más pequeños.

La sexualización precoz de la infancia es el nombre que se le ha dado a este fenómeno actual, una tendencia que consiste en adelantar la adolescencia a edades cada vez más tempranas, donde las niñas desde los 8 o 9 años buscan verse y actuar como mujeres mayores. Pero no se trata de un problema sólo del género femenino. Los niños buscan de forma acelerada a la niña (que parezca mujer) para comenzar sus experiencias sexuales. “Las muchachas, que son los sujetos de sus propias vidas, se convierten en los objetos de otras vidas” (Simone De Beauvoir).

Si es cuestión de culpar, muchos dedos apuntan a los medios de comunicación.  Claro, no hay que negar que la publicidad, las telenovelas, películas y otra serie de productos audiovisuales saturan la mente de los niños(as). En cuanto a lectura, muchas de las revistas juveniles incitan o brindan consejos eróticos para adolescentes, o consejos con tanta profundidad como tips para conquistar, contenidos que parecen contradicciones. Es fácil culpar, pero la raíz del problema va más allá o, ¿acaso no es la familia la que le permite como principal entretención y compañía el control remoto? Culpamos a los medios, pero compramos la barbie de moda como obsequio de cumpleaños, la cocina de juguete, y las vestimos como bratz.

La sociedad de consumo nos muestra estereotipos y nos inunda de ideas. El problema de esto está en nuestra complicidad, puesto que la seguimos alimentando. Eso impide que un fenómeno como el sexualizar a la infancia y con ello aumentar la pornografía y otros delitos sexuales puedan terminar.

Quiero poner un ejemplo claro de lo que estoy hablando. La fotógrafa estadounidense Jaime Moore, buscó alternativas para celebrar el cumpleaños número cinco de su hija Emma. Lo único que encontró fue fiestas estilo Disney, para disfrazar a su niña de princesa y que fuese el centro de atracción. En medio de tantos prototipos irreales de mujer, Moore decidió buscar cinco mujeres que fueran reconocidas por importantes papeles en la historia de liberación femenina, e hizo un estudio fotográfico con Emma, personificándola como cada una de estas mujeres junto a frases célebres de las mismas. Ideas como esta o iniciativas como la de la fundación Igirl, donde se preocupan por evitar que la presión social logre que las niñas salten a grandes zancadas partes importantes de su vida, no se presentan a diario. Sin embargo, sí muestran que la solución está en manos de la gran transformadora del mundo: la educación. Ésta es la solución a muchos problemas sociales;, la tenemos tan cerca pero no la renovamos, sigue con la misma estructura oxidada desde que nació.

No es de extrañar que el mundo de las redes, los medios y el sexo se transformaran en objetos de satisfacción efímera que atraen. Así, no hay que aterrarnos con una situación que ha sido un proceso: las niñas pareciendo sexys y débiles y los niños con el control absoluto. El sistema de patrones machistas se ha normalizado en las nuevas generaciones, y ha afectado negativamente la labor de grandes heroínas de nuestra historia que lucharon por que la mujer fuese independiente.

Sólo queda esperar que no seamos la sociedad que desapareció la infancia y que las niñas(os) y más aún, sus familias, sean objetoras de conciencia; no se dejen llevar por las ansiedades y falsas necesidades de los adultos, y de este sistema que trivializa lo importante y resalta los estereotipos tradicionales.

 

  • invitado 1

    Mejorando pero no hubo enfoque…