Cada catorce minutos llora un niño(a)


Imagen de la campaña en contra del maltrato infantil de Iván Pawluk.

En Colombia, según el Instituto de Medicina Legal, cada catorce minutos es abusado un niño(a) y solo la mitad de los casos son denunciados. En nuestro país, existe un miedo a la denuncia que se debe a la desconfianza que le tenemos a las instituciones que, gracias a un sin fin de factores, en muchos casos no han sido efectivas en el cumplimiento y la protección de las víctimas.

3.326 casos de abuso sexual este año a la infancia, más de tres mil niños llorando, cada catorce minutos otro niño sufriendo y aún así la agencia Gallup se atreve a decir que Colombia es el segundo país más feliz del mundo. Tal vez el estudio fue realizado en bares, donde los colombianos, desinhibidos por el alcohol, comienzan a quererse entre sí.

Cuando existe violencia intrafamiliar, los primeros y más afectados son los niños(as). Ellos aún no están preparados para afrontar y defenderse frente a una agresión física, verbal o sexual. Así que, la réplica a esa violencia con sus iguales se convierte en muchas ocasiones en la manera de ver el mundo que se les enseñó desde su hogar.

Martha Ordoñez es una de las concejalas que, junto con la fallecida Gilma Jiménez, ha defendido la infancia desde su posición política. Ella afirma que: “cuando algo pasa, cuando hay una reacción violenta de un menor de edad, hay que profundizar un poco y mirar cómo ha sido tratado ese niño, qué ha pasado y no es para evitar que estas acciones se castiguen porque igual tienen que responder por sus actos, pero la idea es empezar a tomar esos correctivos de manera profunda en la sociedad, especialmente en la familia, la idea no es aumentar penas, sancionar o castigar”.

Sin embargo, si no hay una “cultura de denuncia”, el pensar y corregir no son soluciones viables. Las clases altas no denuncian por vergüenza y por guardar las apariencias en un status social que tiene como fundamento a la familia “perfecta”. En los estratos bajos no se denuncia porque en la mayoría de los casos el victimario es quien responde económicamente por las víctimas. El estrato medio se divide entre los pocos denunciantes y los que se cobijan entre las excusas de las otras dos clases sociales.

La Doctora Beatriz Linares, abogada en la Defensoría del pueblo, defensora del menor y de la familia y una de las personas que más trabajó sobre el código de infancia y adolescencia, decía: “esta locura que estamos viviendo y que los jóvenes se nos han desbordado es porque le están devolviendo a la sociedad lo que la sociedad y su familia les ha hecho”. Nada los justifica, pero hay que generar un cambio desde la raíz del problema.

El silencio de las víctimas, de aquellos abusados, es la mayor ayuda a los victimarios, a los abusadores que en un 70% de los casos también fueron víctimas en su infancia.