Así están las prioridades en nuestra tierra

MOLINA, Caricatura publicada en el diario El Comercio

Escucha la entrevista a Julián Ovalle de la ACOOC aquí:

http://revistahojablanca.podomatic.com/entry/2013-09-16T12_51_45-07_00

 

Nuestro querido país, esa Colombia que tanto amo y de la que jamás me he cansado de sentirme orgullosa por ser un lugar tan rico, maravilloso y único, este, mi país y el suyo, nació en medio del conflicto. La conquista que destruyó las creencias nativas se fundó en medio de sangre. Y lo más triste es que continuamos en medio de un camino de muerte y balas.

En Colombia el servicio militar es obligatorio. Esta obligación está soportada por el artículo 216: Todos los colombianos están obligados a tomar las armas cuando las necesidades públicas lo exijan para defender la independencia nacional y las instituciones públicas. Sin embargo, solo se trata del caso en el que se necesite, pero las fuerzas armadas omiten este pequeño detalle convirtiéndolo en un requisito obligatorio.

Los “dignísimos” y “honorables” primeros mandatarios que han pasado por el cargo político más importante en nuestro país han reiterado su posición militarista para continuar con la percepción de seguridad en Colombia. Es así como, solo en este año, el presupuesto para defensa es de más de 14.426,65 millones de dólares, una suma que está muy por encima de la inversión en temas de educación y cultura (aspectos mucho más valiosos y transformadores que la guerra).

La guerra y el conflicto armado siempre tendrán una excusa para existir al lado de los actores que hacen funcionar la maquinaria de la muerte con fines ininteligibles para sus víctimas directas. Se trata una guerra de patrones incontrolables que desencadenan mucha más violencia. El punto clave es: ¿de dónde sacan las fuerzas militares tal cantidad de personal en sus filas? Y la respuesta es clara: no es de otro lugar que de la población civil joven y pobre del país.

Julián Ovalle, objetor de conciencia y perteneciente a la Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia de Bogotá (ACOOC) afirma que “en Colombia el servicio militar es obligatorio y dicen (las fuerzas militares) que se desprende de un artículo constitucional que dice: Todos los colombianos están obligados a tomar las armas cuando las necesidades públicas lo exijan para defender la independencia nacional y las instituciones públicas. Además, como desarrollo a esta normativa, se establece la ley 48 de 1993, así que ellos elevaron esa obligación condicional a una obligación universal, forma para reclutar a los jóvenes pobres del país”.

La objeción de conciencia es un recurso para los jóvenes que, por su convicción ideológica, no quieren prestar servicio militar. La objeción es amparada por el artículo 18 de la Constitución Política de Colombia que habla de la libertad de conciencia: “Nadie será molestado por razón de sus convicciones o creencias ni compelido a revelarlas ni obligado a actuar en contra de ellas”.

El artículo 18 es un derecho fundamental, el problema es que entra en contradicción con el 216 y con ley 48 de 1993 que afirma que: “Todo varón colombiano está obligado a definir su situación militar a partir de la fecha en que cumpla su mayoría de edad”.

La libreta militar es una forma de control social, donde personas como Julián y algunos de los miembros del colectivo declarados como objetores de conciencia se han encontrado con una serie de dificultades en su vida.

En medio de los procesos de reclutamiento, existen muchas más irregularidades. Normalmente reclutan personas que por norma son exentos de ser llevados a las filas armadas y camiones sin placas que se llevan a los jóvenes a la fuerza.

Aunque se sigue hablando de paz, el sector colombiano de la defensa y la seguridad entró en 2013 con un presupuesto de más de 14.426,65 millones de dólares, presupuesto oficial que no contempla los gastos secundarios de un conflicto como el que experimenta nuestro país.

Y es de esperar que, si el objetivo del Estado colombiano ha sido el de incrementar los gastos de defensa, al mismo tiempo se observe la reducción proporcional de los gastos en educación, salud y saneamiento ambiental.

Así están las prioridades en nuestra tierra.