Construyendo alternativas de educación popular

El mayor espectáculo es un hombre esforzado luchando contra la adversidad; pero hay otro aún más grande: ver a otro hombre lanzarse en su ayuda. (Goldsmith, Oliver)

“Siempre me ha gustado estudiar, pero no había tenido el presupuesto para ingresar a una carrera como la que yo quería, que es contabilidad y administración. Ya recibí mi primer certificado de contabilidad básica y ahora curso un nivel más avanzado”, dice Francy Hermosa al hablar de los beneficios que le trae el curso que realiza en el centro de proyección social (CPS) Monte de Galilea.

Brayan Linares, de 14 años, quiere estudiar ingeniería de sistemas y el curso le ayudó mucho, además destaca la paciencia y calidad de sus docentes. Su profesora, Sandy Johana Vargas, de 18 años, realiza sus prácticas en este lugar: “la experiencia ha sido chévere, aunque no vivo cerca, vengo desde la Candelaria hasta aquí y enseño. Lo curioso es que la mayoría de los estudiantes son un poquito más grandes que yo”.

Los centros de proyección se generan como una alternativa de acceso a la educación y al emprendimiento en sectores que son considerados de población vulnerable y, si bien es cierto que brindan posibilidades de educación, estas no caben dentro de los estándares establecidos de la educación formal.

En la ley general de educación colombiana, se establecen tres tipos de formación: la formal, aquella que se imparte en establecimientos educativos aprobados, en una secuencia regular de ciclos lectivos, con sujeción a pautas curriculares progresivas, y conducente a grados y títulos. La informal, que se brinda a través de todo conocimiento libre y espontáneamente adquirido, proveniente de personas, entidades, medios masivos de comunicación, medios impresos, tradiciones, costumbres, comportamientos sociales y otros no estructurados. Y, por último, la educación para el trabajo y desarrollo humano (Art. 1 de la Ley 1064 de 2006), antes conocida como educación no formal, que se ofrece con el objeto de complementar, actualizar, suplir conocimientos y formar en aspectos académicos o laborales sin la posibilidad de brindar niveles y grados.

El CPS Monte de Galilea, en Usme, nace hace 8 años, en la UPZ 59 (Alfonso López). Usme es una localidad donde cerca del 80% de la población no logra acceder a la educación superior. A pesar de ello, la comunidad se puede acercar a este conocimiento por medio de estudiantes universitarios en formación. Es una forma en la que se logra el acceso educativo sin tener altos costos que no podrían ser cubiertos.

“He aprendido a hacer pijamas y ropa deportiva. También tomo el curso de administración. Quisiera poder estudiar más adelante y profesionalmente diseño, a veces tengo muchas ideas en la cabeza para hacer ropa, pero no sé cómo hacerlas realidad”, dice Luz Marina Díaz Amorocho de 50 años, estudiante de confección, quien siempre llega enérgica y dispuesta a aprender a sus clases. Ella se refiere a sus profesores con respeto y admiración, sin importar si estos son contemporáneos o, en la mayoría de los casos, menores que ella.

Este espacio es aprovechado por la comunidad. Sin embargo, es importante tomarlo como un peldaño más para las aspiraciones futuras, como muchos jóvenes que llegan y emprenden un proyecto de vida a partir de lo que allí se enseña. La idea es que este lugar sea un impulsador para tener posibilidades y expectativas de crecimiento académico, personal y profesional, sin tomarlo tan solo como una herramienta laboral que es una de las más grandes críticas hacia este tipo de educación.

Cada perspectiva de su uso se apropia a partir de las necesidades. Un ejemplo claro es el de las mujeres del curso de confección, quienes, partiendo de talleres que a ellas mismas les fueron útiles, construyeron empresa; o los jóvenes que quieren saber desde ya todo lo referente al área de sistemas para ingresar a la educación superior con conocimientos previos en aquello que disfrutan hacer.

Se puede concebir al centro de proyección social Monte de Galilea como constructor de educación alternativa para continuar un camino. Lo fundamental es que sea un insumo para progresar en otros ámbitos de la vida y no limitarse a perpetuar una generación de mano de obra barata.