Alias


Imagen tomada de www.semana.com

Monstruo, en el diccionario aparece como ser fantástico que causa espanto. ‘Mostrico’, no es un monstruo pequeño, ha sido en Colombia, coordinador de homicidios, extorsionista y líder del bloque Meta de la disidencia del Erpac (Ejercito revolucionario antisubversivo de Colombia).

‘Popeye’, marino de las caricaturas, fuerte gracias a las propiedades de la espinaca, aunque muchos lo duden, en pocas palabras un héroe animado. En Colombia: jefe de sicarios de Pablo Escobar, acusado de haber cometido más de 250 asesinatos.

Oso, de peluche para abrazar, de goma para comer. ‘Oso’ en Colombia: extorsionista y líder de la organización delincuencial conocida como los “camacoleros”.

Y así, ‘iguano’ que no es el esposo de la iguana sino un asesino que mandaba sus víctimas río abajo, confesó mas de 3 mil delitos; ‘Gordo lindo’, narcotraficante; ‘Jabón’ en su momento, uno de los narcotraficantes más buscados con un expediente muy sucio; ‘Chupeta’ narcotraficante que de dulce solo tiene el alias; ‘Pitufo’ cabecilla de las FARC acusado de torturas y atentados en Meta.

Los ejemplos son innumerables, desde animales hasta personajes animados, encubren la identidad de los protagonistas más peligrosos de la historia del conflicto colombiano. Si bien es cierto que los alias son comunes en los mundillos criminales, también es cierto que en muchos casos funcionan hasta como eufemismos.

Como si se tratara de una broma, alguien capaz de torturar, asesinar o despojar a inocentes de sus tierras recibe un alias que lo compara con una pequeña criatura animada; ¿qué es eso de crecer en un país en el que el enanito azul que aparecía en la pantalla se convierte en un criminal?

Es así, el lenguaje es una de las víctimas inevitables de la guerra, y no es que si uno dice que guarden el jabón esté diciendo que encubran al narcotraficante sino que ya nunca más esa palabra será lo que fue antes de que apareciera aquel que la ensució.

En este punto, a quienes creen que la paz va a venir subida en un avión de La Habana, les recuerdo que no se trata de magia, tantos años de guerra y de televisión sensacionalista no se acaban en un día.

Para que esto de la Paz no se nos convierta en un futuro alias aparte de los acuerdos necesitamos un proceso largo de reconciliación simbólica, porque ¿quién repara este inconsciente colectivo que padece de dislexia semántica? ¿a dónde vamos a que nos devuelvan la paz de las palabras?

  • una vieja amiga

    para lograrlo se necesitaría de un arduo trabajo de re-re-significación de las palabras a partir de la educación. Pero muy seguramente y como es la sociedad colombiana; de los alias existentes solo reconocen unos cuentos, los que aparecen en las telenovelas que hacen alarde de la violencia en Colombia.

    att, una vieja amiga!!! 🙂