Trago amargo

Un trabajador colombiano debe trabajar 31 minutos más que un alemán para poder comprar 500ml de cerveza. A nivel mundial, Colombia es el tercer país del mundo que demanda más trabajo para poder beber medio litro de la bebida. El resultado de la estadística no sorprende ya que el salario mínimo colombiano en la escala global también ocupa uno de los peores puestos. El promedio salarial calculado por la OIT es de 1480 dólares: el de Colombia, no alcanza ni el 50% de ese promedio.

Que un trabajador colombiano tenga que trabajar media hora más para tomar un sorbo de cerveza, no es escandaloso. No en un país en el que lo importante es trabajar para sobrevivir y para poder seguir trabajando. Dentro del concepto calidad de vida está contemplado el entretenimiento, razón por la cual tomarse una cerveza no debería tratarse del resultado de horas de trabajo mal remuneradas sino de una actividad financiada por bolsillos menos apretados. Pero, lo peor de todo es que el trago más amargo en Colombia no corre por cuenta de la cerveza.

El trago más amargo de los colombianos está empacado en botellas transparentes y no tiene ni un grado de alcohol: se trata del agua. El precio del agua embotellada (600ml) no difiere mucho del de la cerveza, es decir que hay que trabajar cerca de 30 minutos para poder comprar una. Y en este caso no estamos hablando de un lujo sino de un derecho fundamental, el derecho al agua potable.

Para una empresa, embotellar agua es un negocio más que redondo. No todo el mundo toma cerveza pero sí todo el mundo toma agua. Las prácticas de consumo se han transformado. Para nuestros abuelos, era inconcebible comprar una botella de agua, para nosotros encontrar una fuente de agua potable fuera de la casa es impensable o, en su defecto, cualquier fuente que no sea una botella o un filtro se considera riesgosa.

Este tipo de cosas pasan porque invertimos dinero en hacer crecer industrias que ya están suficientemente grandes y no en exigir inversión en nuestro sistema de acueducto, en la protección de las fuentes hídricas y en procesos de transformación de la calidad del recurso. Somos los mejores clientes, compramos botellas con etiquetas que dicen: ingredientes: agua o agua de manantial. Manantial que en el caso de coca- cola, por ejemplo, está ubicado en el Páramo Santa Helena, en La Calera. Esa es la fuente natural que explota la empresa, luego la embotella en recipientes plásticos que tardan años en descomponerse y la distribuyen para venderla a $1600 en promedio.

Nunca una botella de agua de la llave llegaría a ese precio. En Bogotá, el metro cúbico de agua cuesta $2374. Con esta medida se llenarían 1666 botellas pero en una tienda cualquiera solo se alcanzaría a comprar una por ese valor. El agua se traduce entonces en el oro líquido de unas cuantas compañías. El año pasado las ventas del producto ascendieron a más de 176 millones de dólares. Así que entre más colombianos que sigan creyendo el cuento de que el agua es un bien de consumo y que si es en botella, entonces es más rica, mejor para ellos y más amargo para nosotros.