Hambre de hipocresía

En Colombia el hambre es una enfermedad crónica y letal, que se lleva 20.000 niños al año según Unicef. Sus cuerpos tendidos llenarían La Plaza de Bolívar en Bogotá.La imagen es escandalosa y tétrica pero real: tan real como los 14 niños chocoanos que han muerto este año por desnutrición en medio de un territorio lleno de plátanos, pescado y frutas.

La reacción al informe de Unicef fue una campaña bautizada “Un día sin desayuno” promovida por El Tiempo, Kellogg’s y Alquería en comunión con el Banco Arquidiocesano de alimentos. Como si se tratara de una convocatoria para un concurso, la campaña invita a ‘personas interesadas’ a no desayunar un día para comprender la cotidianidad de muchos colombianos.

No hace falta ser un faquir para saber que aguantar hambre representa un sufrimiento terrible para un ser humano. La ironía de la iniciativa no tuvo límites: para ‘unirse’ uno debía llamar, inscribirse en una página o visitar las redes sociales del Banco de Alimentos. Por supuesto, alguien con hambre que leyera la nota por accidente o casualidad no se iba a inscribir porque ya sabe qué se siente, de tal manera que los inscritos eran personas que comen a diario y que después de la terrible jornada de sacrificio debieron correr a sus neveras para superar la traumática experiencia que se realizó en un evento público en La Universidad Minuto de Dios y que convocó a 200 ávidos de hambre.

Y no es que uno no pueda experimentar, pero uno no juega con la comida y mucho menos con el hambre. Claro, el Día mundial de la alimentación no podía pasar desapercibido y solo acá se le podía ocurrir a alguien que era digno celebrarlo aguantando hambre y no compartiendo un plato de comida, por ejemplo. O digamos, repartiendo unos cuantos platos de leche con cereal que no le deben hacer falta al tigre Tony de Kellogg’s ni a la vaquita de Alquería.

Es claro que el asistencialismo no va a solucionar el problema de nutrición en Colombia, en donde paradójicamente tenemos tierras fértiles y productivas al tiempo que una canasta familiar fuera del alcance de quienes viven en condición de extrema pobreza. Pero dado que la solución para evitar que los niños colombianos se nos mueran de hambre no se ve cercana, mucho menos va a serlo con ideas como esa. Aquellas “mentes brillantes” que diseñan campañas de este estilo, deberían más bien pensar que lanzan campañas para seres humanos y no para robots.

No es necesario vendarse los ojos todo un día para saber que encontrar un lazarillo en las calles es casi una misión imposible. Tampoco se necesita jugar a los secuestrados para descubrir el flagelo que implica esa práctica. No: solo se necesita sentido común para saber que todo aquello que atente contra el otro es terrible.

Hay hambre, hambre de humanidad.

  • milton

    Este pais se lleno de gomelos retrasados mentales, ese es el problema

  • En este país todo se hace por moda, hasta aguantar hambre