Sobre la inspiración

Se tiene generalmente la idea de que la inspiración es una especie de fantasma que se apodera del pintor/artista y revienta obras maestras. Los Griegos creían en el Daimon. Una deidad que, procedente de una fuente desconocida, proporcionaba al artista la inspiración. Los Romanos adoptaron la palabra “genio” de la cultura árabe, y creían que este era un espíritu que habitaba en las paredes del taller del artista y lo asistía en su labor. Así continuó durante el Medioevo hasta que el Renacimiento borró cualquier idea de procedencias divinas en el proceso de creación y el “genio” que habitaba en las paredes, paso a habitar dentro del artista.

El artista dejó de tener un genio asistente, para ser él el genio…..¡Heavy!!! ¡Es muy difícil ser genio!
Aunque no creo mucho en la idea de inspiración me gustaría pensar que esta no depende de mi. Me libera de la presión de tener que ser yo el genio. Sin embargo, me quedo con las palabras de Picasso “la inspiración existe pero tiene que encontrarte [en el taller] trabajando”.

Hay que trabajar mucho. Si existe la inspiración o no es totalmente irrelevante. Es imperativo pasarse muchas horas en el taller para estar presente en el momento afortunado, en el que al genio se le de la gana de visitar. No estará presente todo el tiempo, pero de vez en cuando pasara por un café, y se deberá aceptar así, después de todo el éxito no es más que la tolerancia al fracaso.