Una pasión azul y amarilla

mariana

Toda mi vida esperé poder ir a ver a Boca cada vez que jugaba en su cancha. Cuando me dieron el carnet de socia –porque a la cancha de Boca sólo se puede entrar con el carnet – decidí que no iba a esperar encontrar a alguien que me acompañe para ir. Como no conozco a nadie que vaya, voy sola. Voy siempre a la popular. No voy a la 12 – que es el sector en el que está la barra brava – voy a otra popular que está en frente.

El otro día fui a ver Boca – Lanús. Llovía mucho, había llovido todo el día. Mi papá estaba en la puerta de mi casa y me preguntó: ¿A dónde vas con la lluvia? Cuando le conté que iba a la cancha me dijo: ¡Vos estás loca! Y ganamos 3 a 1. Llegué a Avellaneda, el barrio en el que vivo, como a las 12 de la noche, llovía, se había cortado la luz y estaba todo inundado. Mi mamá me decía: “No vuelvas, porque va a ser imposible”. Eran la una de la mañana y estaba varada en Avellaneda, me tuve que ir a lo de un amigo. Pero eso sí, salgo re emocionada de la cancha, ¡aunque la vuelta sea tremenda!