Depresión, ansiedad travesti, drogas y revolución

 

Por lo general inicio con una cita. Como hoy quiero explorar otros sentidos, quiero que hagamos un experimento, quiero que escuche la siguiente canción mientras lee lo que escribí:

https://www.youtube.com/watch?v=KsMEBEcxzYA

Hago parte de una generación y de una clase social deprimida que no habla al respecto. Hace mucho quería escribir sobre mi ansiedad, sobre esa presencia constante que, cuando se agudiza, me pone a tomar medidas apresuradas, a ver todo en blanco y negro, a abrumarme por las cosas más cotidianas. A veces, las emociones no tienen colores ni expresiones: no está más triste el que más esté llorando, ni más contento el que más chistes dice. Tengo que confesar que no se cómo abordar este tema y que no busco nada específico, tal vez es una apuesta por darle importancia y reivindicación a lo que sentimos, que parece ser secundario en nuestras cotidianidades y en los textos académicos: acudir a las emociones es una falacia hoy en día.

Creo que no le ponemos suficiente atención a lo que sentimos, lo subestimamos como parte de una subjetividad aislada y no como verdadero conocimiento, como una herramienta real con las que tomamos decisiones, como formas presentes con las cuales vivimos, convivimos y de las cuales, a veces, intentamos sobrevivir.

Para escribir de la tristeza, la depresión, la ansiedad o como quieran llamarle tengo varias contradicciones que tampoco sé cómo abordar. Por el momento, solo voy a ponerlas sobre la mesa. Por un lado, considero que estas emociones no pueden ser vistas como anomalías o como enfermedades que hay que curar, ya que, simplemente, son formas disidentes de sentir y ver el mundo. Por otro lado, a veces entro en estados de ansiedad y/o depresión tan incontrolables que daría lo que fuera por tener una “cura” que me quitara ese desespero.

Asimismo, creo que me da miedo escribir o hablar del tema, porque hay una estigmatización de víctima y un estereotipo de mantener llorando, de hipersensiblonería y encasillamiento emocional. Pareciera que, si uno dice que a veces la vida se le vuelve pesada, no pudiera salir de ahí, no pudiera estar al mismo tiempo contento o fuera algo absoluto en la forma de ser y en el tiempo. También tengo que aceptar que hablar del tema me da pena y culpa, porque no siempre estoy triste, como si para hablar del tema tuviera que tener un diagnóstico médico. Tampoco busco “pedir ayuda” o “pedir un abrazo”, solo quiero explorar esa emoción.

¿Para mi cómo se vive la ansiedad?

Yo soy una persona muy ansiosa, me como las uñas, me da gastritis y, cuando se me alborota la ansiedad, no duermo muy bien por las noches. Si pudiera describir mi ansiedad cuando está en épocas agudas, diría que es como un abrume constante donde hasta la tarea más pequeña y fácil de realizar se convierte en una gran D I L I G E N C I A. Salir de la casa a pagar una factura es toda una hazaña, saludar produce tanta ansiedad que es mejor fingir estar chateando por el celular, esperar a alguien para ir a rumbear me hiperventila, arreglar mi cuarto me duele en el pecho y ¿qué me dice de un favor que implica cambiar el plan original? (por ejemplo, un “de venida en el taxi pueden parar a comprar…”), porque eso quiere decir mil mini-tareitas para las que no estaba preparadx como ver gente + hacer fila + buscar transporte al salir=gastritis y ¡mal genio fijo!). Y es que cuando tengo la ansiedad alborotada, mantengo un afansito y un acelere constante que no me explico, respiro más rápido… sudo y todo.

Es como si tuviera que pensar para respirar, como si la vida le pesara a unx; las horas y los minutos se convierten en personajes reales, palpables y asfixiantes. El mañana es el estrés de hoy, el presente deja de existir. Las características se vuelven sentimientos: grande, pesado, urgente: unx siente “grande”, siente “pesado”, siente “urgente” en el pecho, en forma de suspiro profundo.

Siempre se me ha dificultado llorar o expresar “lo triste” con palabras. Por lo general, el humor es une excelente aliado para evadir el tema o para enfrentarlo mientras me protejo. A veces, no hacer la cosa tan involucrosa facilita la interacción social.

La depresión es un capricho de niñxs ricxs

No creo que la pregunta radique en si estar deprimido es normal o anormal, de hecho, creo que gran parte de los abusos sociales y psiquiátricos legitiman su opresión en una normalidad del sentir, en una obligación de estar felices todo el tiempo. Al entender estas formas de sentir como patologías, estas deben ser medicadas para que encajen en un mundo cuadriculado. “Es que nunca le faltó nada…” es una frase común para decir que la depresión o la ansiedad son caprichos de niñx-ricx y genera culpa y vergüenza en las personas que, a veces, sentimos y vivimos el mundo de forma diferente. Como no le faltó nada, debe ser feliz: en esa afirmación está implícita la obligación de estar feliz y una visión de anormalidad que está filtrada por una idea de consumismo y felicidad. En otras palabras, la promesa del consumismo no solo promete riqueza, sino que la riqueza y el capital económico trae consigo felicidad. La deducción lógica es que, en general, si usted tiene un trabajo no tiene por qué quejarse y, si es rico, menos.

Una de las verdades de las clases privilegiadas por el capitalismo que más escondidas parecen es que –lo que voy a decir es sumamente prejuiciado y no busco afirmar algo como regla general, sino desde mi experiencia como estudiante de la Universidad de Los Andes– tienen juventudes aburridas, deprimidas y sin mucha esperanza o ganas de cambio en los ambientes que les rodea. Pareciera que la comodidad generara esa ilusión de bienestar.

El cóctel de la alegría

Oh, señora Dalloway, siempre dando fiestas para cubrir el silencio. [1]

 Las Horas (película), 2002

Y es que vivimos en una época donde puedes comprar la cura momentánea para tu depresión por treinta mil pesos. Al mismo tiempo, puedes bailar contigo mismo, perder la noción del espacio y el tiempo, encontrarte con esa angustia que no te dejó pararte de la cama el lunes pero que ahora está encapsulada en un suspiro entre pecho y espalda bajo una ilusión de delicia. Ya no sientes ansiedad ni afán por terminar eso que dejaste pendiente en el trabajo, ahora solo eres tú y tu conexión con lo que te rodea, la hipersensibilidad cuando te tocan, el viento en la cara, es como si pudieras tocar la música, como si la música te penetrara. Intercambiar tristeza por placer es un negocio peligroso, asusta disfrutar una sensación similar a la angustia, una taquicardia sabrosa, pero, aún más, asusta saber que callar a tu ansiedad aparentemente es muy simple.

El MDMA, el éxtasis, las pepas (fantasmas, litios, granadas, supermanes, Louis Vuittones, etcétera) parecen estar de moda en Bogotá en todos los rumbeaderos. La ilegalidad de los estupefacientes cada día es más peligrosa para los consumidorxs de esta droga que no saben(mos) que les(nos) están vendiendo. Además, es interesante ver como estas drogas pueden incentivar a ratos las ganas de interactuar y a ratos las ganas de bailar consigx mismx. Como intercalándose entre lo público y lo privado.

Esto de la depresión, la ansiedad y la tristeza como parte de lo íntimo y lo privado es bien interesante: cuando estamos rodeados de gente compartimos risas, bailes, alegrías, anécdotas y chascarrillos –aún si por dentro sentimos un vacío pesado–. Las emociones y las expresiones no siempre concuerdan; por fuera uno se está riendo y haciendo reír, pero “por dentro” siente esa angustiesita maluca, ese afansito, ese suspirito, esa pesadez. Es como la metáfora perfecta del payaso triste, pero en colectivo. Es como si todos esos rumbeaderos de moda en la 85, en el centro y en la macarena fueran circos llenos de este espectáculo de alegría exhibicionista y depresión silenciosa.

¿Diversidad y particularidades o sentimientos compartidos[2]?

Como dije al principio, no sé cómo abordar el tema, pero si quiero tener cuidado al no tratarlo como una anomalía o patología que el psiquiatra cura, sino como formas de diversidad donde existen personas que ven, sienten y comprenden el mundo desde una óptica diferente a la obligada social y culturalmente. Es decir, desde una perspectiva que no es necesariamente optimista donde hay pajaritos y mariposas volando mientras Heidi corre por la pradera. Tampoco quiero decir con esto que solo existen dos formas de ver el mundo: la feliz y la triste. Al contrario, quiero poner de presente que hay muchas más visiones y formas de vivir que no se limitan a ese binario y que son igual de válidas e interesantes. Esto implica entenderlo como algo que no es ni esencial a una persona, ni eterna, ni continua. En otras palabras, no es definitoria de nada ni de nadie.

No obstante, también creo que hay ciertas poblaciones que son sometidas, en su cotidianidad, a ansiedades a las que otras poblaciones no, y el exceso de mini-angustias puede terminar en depresiones. Esto es difícil de afirmar sin contradecirme, porque de alguna forma estoy hablando de la depresión como algo indeseable, pero, repito, no busco defender mi posición, sino expresarla tal cual la siento, con prejuicio y contradicción interna incluida.

también creo que hay ciertas poblaciones que son sometidas, en su cotidianidad, a ansiedades a las que otras poblaciones no, y el exceso de mini-angustias puede terminar en depresiones.

Y es que recuerdo cuando iba a salir del closet como gay y recuerdo una tristeza profunda y una inhabilidad para interactuar. Recuerdo pensamientos autodestructivos que eran reflejo del miedo que me generaba que la gente supiera de mi maricada. Últimamente, al vestirme con vestidos y maquillaje, reaparecen miedos y, con ellos, los fantasmas que creí que había derrotado. Creo que la palabra que mejor describe esa sensación es el “pánico”. No creo que esa depresión sea algo interno y subjetivo, sería bastante cínico plantear un tema de injusticia social sistemático como un problema psicológico de lxs oprimidxs. La opresión de ciertos grupos históricamente discriminados puede generar ansiedades adicionales que hace que compartan no solo experiencias de opresión, sino sentimientos compartidos: sufrimientos, sentimientos de humillación y vergüenza, visiones de libertad conectadas con sentimientos de alegría y liberación, etcétera. Inclusive, existen cifras que relacionan tasas de suicidios más altas en poblaciones discriminadas.

La ansiedad travesti

En la vida cotidiana las personas trans parecen tener que lidiar con una serie de mini-ansiedades que otras no. La opresión en la cotidianidad genera muchos sentimientos y emociones de dimensiones gravísimas en las personas trans, desde ir a un baño en un lugar público (¿a cuál entro pa’ que no se burlen?), hasta conseguir trabajo o entrar a estudiar se convierten en eventos que generan miedo y ansiedad, se convierten en desincentivos para salir a lugares públicos y, en general, en obstáculos para vivir con tranquilidad.

En mi caso concreto, salir a rumbear se ha convertido en un foco de gastritis y ganas de diarrea, sudoración de manos, dificultad para comer antes de salir, rabia y frustración. Me da miedo vestirme como me da la gana, porque no me dejan entrar a bares y discotecas. Mantengo con paranoia sobre qué me voy a poner para poder estar en el mismo lugar que mis amigxs. Al final, no quiero ser una carga, porque sé que ir de regia implica dañarle el plan al resto que van conmigo. Esta ansiedad y la depresión y frustración que genera la he compartido con otras personas trans que sienten que la exclusión es un foco importante de sentimientos autodestructivos y de negación de uno mismo. Por eso, un “nos reservamos el derecho de admisión” no es ninguna bobadita, es una humillación violatoria de nuestra dignidad humana que tiene implicaciones de violencia y exclusión inimaginables (cabe que recordar que en la Alemania Nazi también se le negaba el ingreso a restaurantes a judíos, pero cuando es acá en Bogotá en el rumbeadero al que yo voy no parece tan grave).

De la depresión compartida a la revolución

Este concepto de sentimientos compartidos también es útil para salir del letargo y dejar de ver la depresión y la ansiedad como algo negativo o improductivo. De hecho, importantes movimientos sociales han utilizado la frustración colectiva como motor para generar revoluciones partiendo desde la opresión (por supuesto). Como Act Up (si pueden verse el documental “How to survive a Plague”, ¡sería regio!) que utilizó la rabia compartida de personas que vivían con VIH/SIDA y familiares en la década de los ochenta para generar importantes cambios sociales, culturales y políticos tanto en la concepción del virus/síndrome como en la atención del Estado.

Creo que la estigmatización de la depresión y la ansiedad como improductiva solo le sirve al status quo. De hecho, con varias personas he discutido el tema de este blog y todos parecemos coincidir en que, entre la pensadera que genera la depresión y la ansiedad y la forma particular en la que se puede ver el mundo desde esa perspectiva, es posible encontrar un espacio de creatividad y de diálogo con la realidad con una lógica diferente. Es decir, que la depresión y la ansiedad pueden generar, inclusive, resultados innovadores y aproximaciones diferentes a la vida. Hacer valer estas emociones y aproximaciones hacia la vida es importante para el cambio social, el reconocimiento de existencias que no ven el mundo como los demás no solo nos enseña mucho sobre aquellos que nos rodean, sino que puede ser la clave y punto de partida para preguntarnos que mundo/sociedad queremos.

Pero como rara vez se toca el tema y se presume que el/la únicx que “sufre” por dentro es unx, la ansiedad y la depresión únicamente se encuentran en lo recóndito del anonimato, en lo privado escondido bajo la presunción de que todo el mundo está (o al menos debería) estar feliz y paticontento. Mantener angustiado, abrumado, depresivo, triste no tiene nada de malo y no hay por qué esconderse o sentir miedo y/o vergüenza. Reivindicar lo que sentimos es importante. En mi caso, la ansiedad ha sido fundamental a la hora de encontrar soluciones alternativas e innovadores a problemas legales (soy abogadx) y muchas veces intento traducir los sentimientos y formas de sentir de mis usuarixs en argumentos legales, por ejemplo. También creo que esa sensiblonería depresiva es una de mis fuentes más importantes de creatividad y exploración de la vida.

En mi caso, la ansiedad ha sido fundamental a la hora de encontrar soluciones alternativas e innovadores a problemas legales (soy abogadx) y muchas veces intento traducir los sentimientos y formas de sentir de mis usuarixs en argumentos legales, por ejemplo.

Por eso, hay que hacer visible la depresión y la ansiedad como formas diversas de ver y sentir el mundo; además, hay que salir de la victimización de la depresión y frustración que genera la opresión y cambiarla por rabia compartida y organizada. Ambas formas implican una revolución, porque conllevan a la utilización autónoma de nuestras emociones y sentimientos como motor de cambio. Se trata, en todo caso una rebeldía más sincera.


[1] Si no estoy mal la cita original es de la novela de Virginia Wolf  “Mrs. Dalloway” pero como no me la leí puse la de la película que me encanta.

[2] El término original que leí es “Public feelings” pero creo que quedaba mal traducido como “sentimientos públicos”. Ese concepto está en el artículo de Ann Cvetkovich titulado “Public Feelings” (http://www.elspethbrown.org/sites/default/files/imce/cvetkovichpublicfeelings.pdf)

Acerca de Hoja Blanca 2 Articles
Información Básica
  • Angelic Ann

    Es Dr.EBHOSE usted puede email él si necesita su ayuda en su relación,
    prometen you.Your problemas se resuelven de inmediato. Después de estar en
    relación con él durante siete años , él me dejó , yo hice todo
    posible traerlo de vuelta atrás, pero todo fue en vano . Yo quería que él la espalda
    por el amor que siento por él, le suplicó , pero él se negó hasta que
    explicado mi problema con alguien en línea y ella me sugirió que debería
    más bien por correo un lanzador de hechizos que podrían ayudarme a un hechizo que le trajera
    espalda, pero yo soy el tipo que nunca creen en hechizos , no tenía más remedio que
    Pruébalo, envié el lanzador de hechizos , me dijo que no había problema que
    todo va a estar bien antes de tres días, que mi ex se vuelve a mí
    antes de los tres días, él lanzó el hechizo y, sorprendentemente, en el segundo día ,
    eso fue alrededor de las 4:00 de la tarde. Mi ex me llamó , yo estaba tan sorprendida, me contestó el
    llaman y lo único que dijo fue que estaba tan mal por todo lo que pasó ,
    que quería volver a mí, que me encanta tanto. Yo estaba tan feliz y
    sorprendido. Desde entonces, he hecho una promesa de que todos los que conozco se
    nunca tener un problema de relación , que me voy a referir a el hechizo
    lanzador de ayudarlos. Cualquiera podría necesitar la ayuda del hechicero , su
    ebhodaghespell@gmail.com email
    Él también lanzó tantos sortílega ,

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    ( 4 ) ¿Quieres un niño.
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    9 ) ¿Quieres que atraerán a la gente
    10 ) La falta de hijos
    11 ) ¿NECESITA UN MARIDO / MUJER
    13 ) CÓMO GANAR SU LOTERÍA
    14 ) PROMOCIÓN HECHIZO
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    18 ) cura para cualquier enfermedad / h.i.v.
    Póngase en contacto con él hoy en : ebhodaghespell@gmail.com

  • Any One

    literariamente, no me gustó, redundante, repetitivo, ni edición tiene, hay partes duplicadas…
    psicológicamente me pareció un relato interesante, debe ser muy difícil ser travestí en un lugar tan parroquial como Colombia.
    La contradicción que no puedo superar es que se justifique la ansiedad y la depresión con la productividad capitalista. Es decir, son experiencias malas si nos hacen perder el foco del trabajo, pero buenas si nos hacen más productivos? la persona que escribe parece estar en desacuerdo con los valores capitalistas, pero al final los usa como justificación de esas formas “diversas” de sentir. No hay felicidad en estar ansioso y/o deprimido, no importa cuán productivo seas en ese estado.

  • All over the place

    Que laaaaaaargo y all over the place. Tenía expectativas distintas del texto, seguro menos positivas e idealistas, por lo que la conclusión me frustro. De nuevo pienso, hay tanta cosa que es difícil concentrarse en una y que unx (para usar el recurso tan molesto pero intensionado del autxr) sienta que se identifica y le gusta. Haber hecho por ejemplo la ansiedad y la depresión travesti daba para un texto igual de largo pero con una sola cosa. Me gusta como escribe, sólo que casi siempre tengo más expectativas.

  • Esto me anima a comprar el libro de Tefa.