Ibrahím…


Por Andrés Felipe Cotamo

Santiaguero, como el son y el bolero cubano es Ibrahím Ferrer, hombre aferrado a la humildad, a la música, a la fortaleza del arte de las musas… Bajo una voz que roza la ternura y pasa derecho a la armonía, una voz clara y juvenil escondida en un cuerpo delgadísimo que destinaba toda fuerza contenida en un estudio, en un estadio, en una calle cantando, Ibrahím pasó de tener insaciables anhelos infantiles de ser médico, a ser huérfano de madre y vendedor de dulces por las calles Santiagueras a los 12 años.

Refugiado en un naciente empeño musical forma su primer grupo: ‘Los jóvenes del son’, agrupación con la que tocaría en fiestas y festivales para abrirse paso a lo que sería una extraña y voluble carrera artística. No pasaría mucho tiempo para que explotara su talento junto a ‘Pacho Alonso’. Su recorrido estuvo marcado por otra gran orquesta: la de Chepín Choven, que marco un punto grande en la música y en su vida, pues no solo pudo salir de gira fuera de su natal Cuba, sino que le abrió el horizonte de una gran cultura musical hasta entonces inexplorada por el artista.

En la década del 50 estalla el gran éxito ‘El platanal del Bartolo’, canción que salió dejando infinidad de ecos en versiones posteriores, mucho más desarrolladas, pero ninguna dando, al menos, un bosquejo de créditos para el hasta entonces mal gratificado artista.

Acompañando al gran Benny Moré, sentía mal pago su talento incondicional brindado a la orquesta. Algo que Ibrahím siempre resintió fueron los mil consejos y guías musicales dadas a su voz… Siempre se le dijo de lo bien que se escuchaba su voz en temas bailables; pero nunca en el Bolero.

En 1991 se retira del mundo musical, al margen de ese mundo que fue la infinidad de su vida se desplazó a un nuevo oficio: Lustrador de zapatos.

La majestuosa voz que alcanzaría 7 millones de discos vendidos del Buenavista Social Club estaba lustrando zapatos, mientras Ry Cooder se metía con sus grandes ánimos y su maleta llena de billetes verdes a la siempre paradisiaca y pintoresca Cuba.

En el año 98 sus amigos lo convencieron de grabar con AfroCuban All Stars, y en el 99 como mandado del cielo llegó Juan de Marcos González, director musical de Sierra Maestra, a la casa de Ferrer, a sonsacarlo y llevarlo sin bañar al estudio a grabar un solo número de todo el trabajo discográfico…

Lo que no sabía era que saldría siendo el cantante principal y estrella venerada del BV social Club al final de largas jornadas encerrado en un estudio.

Tiempo después se grabó Buenavista Social Clubpresenta a Ibrahím Ferrer, par de trabajos sonados en todo el mundo y con los cuales el músico cubano logró cumplir su sueño de bolero.

Cantando en el final de su vida junto a sus amigos, grandes, Ibrahím Ferrer partió en 2005, un bolero sembrado en los terrenos de su patria musical y la siguientes selección de su música, engrandecen su espíritu.