Agua para los sedientos

No sé exactamente cuánto hace que empezaron a vender agua en bolsa y en botella aquí en Colombia pero tengo el recuerdo de un tiempo en el que el agua no se vendía, vaya a saber uno si ese recuerdo viene de esta vida o si está grabado en los genes y viene de la época del Cromagnon, lo cierto es que nadie le negaba a uno un vaso de agua, a nadie se le había ocurrido cobrar por algo tan vital para el ser humano, algo que brota espontáneamente de la tierra. Ahora el agua se vende, el agua está sucia y hay que purificarla, hay gente que no entiende el agua y la contamina. Hay pueblos que viven sobre el agua y en ella botan todo lo que desechan; no sólo su mierda, que vendría siendo lo menos grave, sino el plástico y la basura que les venden, se enferman y no entienden por qué, se mueren los peces y no entienden por qué, van caminando ciegamente hacia la miseria.En algunos países del sudeste asiático no es así todavía, en Laos siempre vi el agua limpia, seguramente eso cambiará cuando la China cumpla su cometido de desviar las aguas de estos países, no contenta con haberlos desforestado. Allá intuí claramente una relación especial de la gente con el agua, en sus religiones los ríos son importantes, el agua es un espíritu. Aquí la religión no se ocupa de cosas de la naturaleza, sólo habla de monstruosidades sobrenaturales como una mujer que dio a luz siendo virgen, un hombre que resucitó después de muerto…en fin, cosas que nunca nadie ha visto; pero el río, el viento, las aves, los árboles poco le importan, es una religión que no le hace bien a la gente, la pone a ver más allá y le impide ver a su alrededor, la pone a pensar en el cielo y en el infierno y la distrae de la tierra.

En el sudeste el agua es sagrada, en Myanmar que es un país pobrísimo y cuyos recursos naturales están siendo saqueados por la China, uno puede tomar agua en cualquier parte, es un país secuestrado por militares de muy mala calaña, pero eso es otro tema, lo que a mí me impresionó es que hay agua en la calle para que el que quiera tome. La vida aún no es tan hostil como para no ofrecerle agua al sediento, hay hasta albercas para que el que se quiera bañar se bañe. Cada dos o tres cuadras uno encuentra un cántaro hábilmente colgado a un árbol con vasos limpios al alcance para que uno tome, y nadie sale a cobrarle a uno un peso, además el agua es pura y no hace daño, sólo calma la sed y nos recuerda que somos hijos de esta tierra. Hay agua en los templos y en los mercados, qué ordinaria me sentí con mi botella de agua, la ordinariez de occidente pensé, sobra decir que me deshice de ella en cuanto pude y empecé a tomar en los mismos vasos que los birmanos.

Muchas cosas me sorprendieron en Myanmar: el respeto a la mujer, no es algo que uno imaginaría en un país bajo un régimen militar, en Myanmar no le pasa nada a las viajeras solas, en Myanmar la ley favorece casi siempre a la mujer, a pesar de la terrible historia de Suu Kyi. Hablo del día a día, de lo que sucede entre la gente, en el pueblo, en un pueblo donde la religión aún está viva, donde tiene todavía cierta influencia benéfica para el hombre, un pueblo atrasado, sometido a un régimen cruel que lo explota, un pueblo que resiste con la dignidad de sus creencias y principios, un pueblo noble sometido por hombres bajos, un pueblo que todavía no ha sido despojado de su cosmogonía y aún en la pobreza más cruel conserva la fuerza de su moral.