La lotería de Cat Ba

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Para ir a la famosa bahía de Halong tomamos un tren en Hanoi que nos llevó a Haiphong, la tercera ciudad más poblada de Vietnam, una ciudad agradable, menos caótica que Hanoi, con edificios de estilo colonial y avenidas arboladas. Es también un importante puerto y centro industrial, escala de camino a la isla de Cat Ba y la bahía de Halong. Al bajar del tren la primera impresión que tuve fue la de haber viajado a otra época, no sabía si al futuro o al presente, simplemente estaba habitando otro tiempo diferente al que conozco; en medio del afán vi una carta de naipes en el piso, a pocos centímetros de donde apoyé el pie. Mi pie apuntaba directamente a ella, la gente que pasaba no la veía, era un tres de tréboles, yo se la mostré a H: mira, ¡un tres de tréboles! Eso es buena suerte, dijo H.

Nos fuimos de inmediato al puerto creyendo que sólo salía un bote diario a Cat Ba y que saldría en menos de 20 minutos, al llegar vimos que la oferta era amplia y salían barcos turísticos y lanchas rápidas cada dos horas. Nos fuimos en un barco turístico, el puerto era de verdad grande, nunca antes había estado en uno tan grande, había barcos enormes de todos los colores, con toda suerte de diseños y banderas, barcos de grandes transnacionales, barcos de todos los países del mundo, cargados con quien sabe que cosas made in Vietnam, el mar y el cielo eran de un azul pálido y grisoso y no se veía verde por ningún lado. APOCALÍPTICO. El poderío de la industria se extendía por las olas pero era hermoso, de un modo triste pero hermoso. En el barco todos estábamos felices y la dicha fue aumentando cuando dejamos atrás el puerto y el azul del agua se oscureció, pronto empezamos a ver formaciones cársticas y colinas calizas con grutas.

Cat Ba estaba más bien desocupado, había pocos turistas. Después de encontrar una habitación magnífica, con una terraza mirando al mar en el último piso del edificio bastante alto, por sólo diez dólares, salimos a recorrer la isla. Al final, en el atracadero, había toda suerte de embarcaciones, la gente vivía en ellas, eran casas barco, todo se movía por el agua, en el agua se vendían las cosas, en el agua se vivía, algo así como gitanos acuáticos. Recorrimos la bahía hasta el final y al devolvernos vi una carta de naipes en el piso, esta vez estaba tapada, antes de levantarla le dije a H, va a ser un tres de tréboles, H expectante esperó a que la levantara con mi pie: era un tres de tréboles, esta vez me lo guardé en el bolsillo, hacía ocho horas exactas había visto el otro al bajarme del tren en Haiphong. Emocionada le dije a H que quería comprar la lotería, recordamos haber visto cada dos o tres cuadras alguna mujer sentada en una pequeña butaca y con una mesita con algo que parecían ser boletos de lotería. Nos dirigimos a la primera que encontramos pero fue imposible que nos vendiera uno porque no entendía nada en absoluto y además era inusualmente lenta. Seguimos caminando hasta ver a otra pero tampoco entendió nada, al final una mujer alegre nos vendió sonriente un boleto y nos dijo que al otro día en la televisión podríamos ver el resultado por la noche, no sé cómo entendimos todo esto si ella no entendía una palabra de inglés ni nosotros una sola de vietnamita, lo cierto es que después de un buen rato de estar gesticulando, actuando como si me hubiera ganado la lotería y haciendo todo tipo de morrisquetas estúpidas que atrajeron unos cuantos curiosos, logré comprar mi boleto. La gente me miraba, algunos se acercaron y a todos les parecía muy gracioso que una extranjera comprara la lotería, de regreso al hotel parecía que el rumor se había extendido, me sonreían en el camino y algunos me decían cosas que por supuesto no entendía. Todo esto era el preámbulo de la Gran Bahía de Halong, al llegar al hotel hablamos con el dependiente que sí entendía algo de inglés para preguntarle por el canal en el que podíamos ver los resultados pero no se mostró muy solícito, parecía desconcertado y algo molesto porque habíamos comprado la lotería. Era incapaz de mirarme a los ojos cuando le hablaba y no me contestaba ninguna pregunta a mí sino a H, no sé si esta es la conducta de los vietnamitas con las mujeres o si éste en particular tenía algún problema, era ridículo porque al final daba la impresión de que lo hacía para llamar la atención.

Al otro día estuve un buen rato viendo la tele en vietnamita con la sensación de que jamás conocería el resultado. (En la próxima entrega: el resultado de la lotería vietnamita).

  • mefisto

    Ojalá te la ganes.