Aló popó

Foto: Camila Bordamalo

Poca gente sabía donde es Colombia, cuándo decíamos Suramérica a veces creían que hablábamos del sur de los Estados Unidos. Tampoco tenían porqué saberlo. El funcionario del tren de Hanoi a la frontera con China sí que sabía algo sobre Colombia, pero como no hablaba ni un ápice de inglés, sólo podía actuar para nosotros. Fingía que disparaba un arma: ¡Pum, pum! También simulaba estar esnifando. Si, lo mismo de siempre. En todos los viajes hay alguien que habla de la cocaína o de la violencia. El hombre se divertía mucho con nosotros, en algún momento parecía que nos iba a besar. Como un niño empezó a pasar a cada rato por el pasillo sólo para vernos, le causábamos mucha risa. A nosotros el también nos daba un poco de risa pero entendimos que si no mostrábamos algo de seriedad la cosa podía ser extrema, nos pasaba como con un niño, hay que ser amable hasta cierto punto si no quieres que se te pegue como un chicle.

Foto: Camila Bordamalo

 

En realidad no me molesta que la gente hable de cocaína cuando digo que soy colombiana, me parece que no es conmigo, yo soy Camila, no Colombia, podría ser de cualquier lugar, por puro azar soy colombiana, no siento necesidad de defender a Colombia, la palabra me resulta bastante abstracta. Al final le seguimos el juego al guardia y le decíamos que teníamos un gran cargamento de cocaína en la maleta, el guardia se reía mucho pero en el fondo pensaba que podía ser cierto y albergaba la esperanza de que le diéramos un poco, todo se fue convirtiendo en una empalagosa obra de teatro. El hombre nos adoptó todo el trayecto y nos protegía con celo. Su figura era graciosa, pronto me acostumbré a verlo venir del vagón de adelante y recorrer todo el pasillo sólo para parar en nuestro puesto, mirarnos y reírse. Le parecimos muy chistosos, tal vez había consumido algo, me temo que nuestra gracia no da para tanto.

 

Después de un viaje largo llegamos a Lao Cai. Habíamos leído y oído muchas advertencias sobre la terminal de Lao Cai, eran ciertas, antes de bajarse del tren ya estábamos rodeados de pícaros que nos ofrecían llevarnos a Sapa por cinco veces el precio real. El microbús salió de la terminal, pero el conductor se dedicó a hacer todo tipo de diligencias antes de salir, entre esas sobrecargar el bus con pesadísimas vigas de madera. Hartos de la espera reclamamos, notamos que estaba ebrio y lo amenazamos con poner la queja en la policía, al final nos envió a Sapa en el carro de unos amigos suyos. Sus amigos no estaban ebrios, cosa muy conveniente pues el camino era peligroso, llovía y la niebla no dejaba ver. Los conductores ebrios son alarmantemente comunes en Vietnam, a veces hasta apuestan carreras estando borrachos.

Foto: Camila Bordamalo
Foto: Camila Bordamalo

 

En Sapa todo era diferente. Comparada con Hanoi, Sapa era amable, suele suceder que los pueblos y las provincias son más acogedores que las ciudades. Era agradable sentir frío. Sapa queda en las montañas y es famoso por los cultivos de arroz en terrazas y por las tribus indígenas. Alquilamos una moto y nos fuimos a recorrer la reserva indígena. Los atuendos de las mujeres son fantásticos, ellas son fantásticas, algunas tienen los ojos amarillos. Hablan inglés bastante bien para haberlo aprendido de los turistas, hablan chino, vietnamita y su propia lengua, pero no escriben, los Hmong son una tribu milenaria pero no escriben su lengua, tuvieron un alfabeto que dejaron perder. Son buenos para los idiomas, los vietnamitas no tanto, son pocos los operadores turísticos que hablan inglés y menos aún los que logran ser entendidos. Las mujeres Hmong andan por ahí a la caza de turistas para venderles aretes y cosas bonitas, son inteligentes y tienen buena conversación, de risa fácil tienen excelente sentido del humor, andan siempre en grupos, con sus bebés en la espalda y tocan un pequeño instrumento muy particular (http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=2HR36jr-xlE). Los hombres fabrican los brazaletes y las demás cosas y ellas salen a venderlas. Hay otras tribus también pero los Hmong son los más sociables.

Foto: Camila Bordamalo

 

Llegamos hasta su aldea y tuvimos la suerte de ver una ceremonia de matrimonio, los trajes eran totalmente diferentes a los de las indígenas que nos habíamos encontrado antes, más sencillos y más coloridos. También vimos un perro grande enjaulado que terminaría en los estómagos de sus amos, a menos que algún extranjero se compadeciera y lo comprara. Antes de salir de la reserva una niña nos gritó: Aló popó.

Foto: Camila Bordamalo

 

Al otro día alquilamos otra vez una moto que se nos pinchó en la mitad de la carretera. Nosotros no sabíamos ni una palabra de vietnamita aparte de “gracias”, pero por fortuna pasó una europea y nos enseñó como se decía “reparar moto”. Fui a una casita cercana, salió una mujer, “reparar moto” le dije haciéndole señas, ella diligentemente sacó una bomba y nos ayudó a inflar la llanta. Se notaba que la mujer nunca en su vida había hecho eso antes, pero quería ayudarnos. El daño no era tan sencillo, tuvimos que caminar un poco más y conseguir un mecánico.

Foto: Camila Bordamalo

 

En mi memoria quedó indeleble aquella escena en la que, repitiendo lo que nos había dicho la niña, le dijimos a un gran grupo de indígenas que se nos venía encima para vendernos cosas: Aló popó. Con cara de absoluto asombro, sonriendo y asintiendo replicaron en coro: ¡Aló popó! ¿Alguien sabe qué significa?

Foto: Camila Bordamalo
  • ¡¡Ayyy no!! ¡por favor! ¿qué significa?

  • El estigma del Colombiano es muy difícil de comprender para gente de otros países inclusive cercanos. Gracias por compartir tu viaje