Nos cagamos en el agua

Acampando en Juntas, al suroccidente de Ibagué, tuve que cagar en el pasto porque no había un baño cerca. Cuando me levanté y di la vuelta, vi que le faltaba algo a mi obra. Se veía tiesa y sin gracia. ¡Claro! No estaba flotando en el agua, que es lo que permite ver mejor su forma porque hace que se mueva como en cámara lenta, al tiempo que ayuda a contaminar nuestro más preciado bien: el agua.

Desde hace décadas gran parte de la humanidad está acostumbrada a que su mierda flote en el agua. Los aristócratas ingleses de mediados del siglo XIX no soportaban su propio hedor en los castillos. Entonces, como buen ejemplo de occidentales, que sólo valoran la naturaleza desde que sea útil para lograr sus objetivos, estos tuvieron una brillante solución: crearon un sistema hidráulico de tuberías por donde pasaran los desechos de todas las casas y finalmente llegaran a los ríos. La idea resultó muy eficiente porque alejaba esas asquerosidades del paisaje humano, así que rápidamente otros gobiernos comenzaron a adoptar el mismo sistema. Y así, el hombre inventó las aguas residuales, no aptas para consumo humano.

De acuerdo con la Red Iberoamericana de Potabilización y Depuración del Agua, esas aguas son las causantes del 80% de las enfermedades gastrointestinales a nivel mundial. En ellas se encuentran bacterias provenientes de las heces y la orina de humanos y otros animales, que causan disentería (diarrea sangrante), giardiasis, fiebre tifoidea, vómito, cólera y diarrea acuosa, por nombrar algunas. El tratamiento inadecuado que se le da a las aguas residuales, causa la muerte de 3,5 millones de menores por año, que contraen estas enfermedades por consumir alimentos lavados con ellas o por tomársela. Decimos que el agua es vida, pero nos cagamos en ella. Por eso, también es muerte para muchos.

La alternativa que propone la ONU para disminuir el número de muertes de niños y niñas por enfermedades diarreicas parece un mal chiste: si los incentivamos a que se laven las manos, los casos pueden disminuir en un 40%. Mientras, los menores suelen contraer este tipo de enfermedades por consumir agua contaminada. Entonces, ¿será que por lavarse las manos les darán como premio suministro de agua potable?

Se advierte constantemente sobre los peligros de consumir aguas negras, pero Estados como el colombiano, tienen al 89% de los municipios y a más de la mitad de la población con problemas de abastecimiento de agua potable, según la Defensoría del Pueblo. Este es el país de la diversidad social: gente con sed y casas que tienen hasta cuatro inodoros.

Para los guambianos, que viven al oriente del Cauca, el agua no es un basurero. Tampoco se creen sus dueños. En el artículo Guambianos: una cultura de oro, escrito por el profesor universitario Luis Guillermo Vasco Uribe y financiado por el Museo del Oro, el taita Abelino Dagua cuenta que cada mil o dos mil años un bebé baja por la quebrada de Ñimpi hasta su desembocadura en el río Piendamó. Son los caciques y cacicas, que tienen habilidades especiales para trabajar el oro y le enseñan al resto de la tribu cómo hacerlo. Hay otros que el agua trae cada 200 años y serán los encargados de enseñar a cultivar alimentos como la arracacha y el maíz. El agua da origen a la agricultura y la orfebrería: las bases de su cultura.

Algunas comunidades indígenas en Colombia usan desde hace varios años el sistema de alcantarillado. Otras siguen orinando y cagando en letrinas que hacen en la tierra. El orden mundial insiste en seguir produciendo aguas negras, y aunque cada vez que les pasan un micrófono los políticos proponen un mayor suministro de agua potable, no dejan de ver el agua como medio de transporte de nuestros desechos. “Es un eje articulador del desarrollo urbano de la ciudad”, dijo el gerente general de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) a El Espectador el año pasado.

No estoy diciendo que nos vayamos todos al Cauca o algún río cercano a ver si pasa lo mismo. Tampoco que abramos un hueco en el pasto cada vez que nos den ganas.

Desde los ochentas, César Añorve se dedica a contaminar la menor cantidad de agua posible. Este arquitecto y dibujante mejicano ha retomado el invento que los suecos tenían en sus casas vacacionales en los cincuentas para diseñar una nueva forma de sanitario ecológico seco. Conocido popularmente como ‘baño seco’, ha tenido gran aceptación en ecoaldeas y otras zonas rurales de los estados de Morelos y Guanajuato, en Méjico.

Se trata de un inodoro que no manda la mierda y la orina a los ríos, sino que las almacena en dos cámaras diferentes. Luego se le puede echar cenizas, aserrín, paja molida o tierra al popó para convertirlo en fertilizante de uso común en el cultivo de árboles frutales. Si se mezclan ambos desechos la deshidratación se hace más complicada. Entonces, como no hay cagada que no venga acompañada por una meada (y me cagué en los anti cacofónicos), la taza tiene dos huecos, a los que usted queda apuntando cuando se sienta. Sin embargo, en la reserva Natural Juan de Dios en Buenaventura, Valle del Cauca, sus habitantes mandan todo por el mismo lado y lo tapan con aserrín. Según cuentan en su página, el excremento no es basura, sino un recurso que, como todo en la naturaleza, retorna al ciclo, en este caso como fertilizante.

Los baños secos no producen aguas negras; ahorran agua y no generan malos olores siempre y cuando tengan un tratamiento adecuado y se limpien las cámaras constantemente. Un sistema sanitario como ese, llevado a proporciones masivas, reduciría considerablemente el número de enfermedades diarreicas. Sería más eficiente que solo con lavarse las manos.

Admiraría al político que promoviera los baños secos en todo el país. Pero cuando las iniciativas están untadas de tanta burocracia, pueden tardar bastante tiempo en ser llevadas a la práctica. Por eso, siempre es bueno que estén acompañadas de movilización ciudadana, sin referirme estrictamente a las marchas. O si no, el agua tendrá que esperar mucho tiempo para que deje de ser rentable cagar en ella.

Sanitario seco

2 comentarios en Nos cagamos en el agua

  1. Hola Juan, muy interesante, felicitaciones; en Colombia venden sanitarios secos?…
    pero nos falta un”poco” para llegar a ese nivel de conciencia.

  2. Sebastian Toro quiero decirle que me gusto mucho su escrito y que me llevo a la reflexión y creo que es el objetivo principal del articulo. 😉

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