Fondue en los “baños” de Ginebra

Foto: Paola Estrella

“París no ignora que es París, la decorosa Londres sabe que es Londres,
pero Ginebra casi no sabe que es Ginebra”.
(Jorge Luis Borges)

Buena muela se ha convertido en el último tiempo en un diario de viaje. Y en los viajes, los sabores y los olores no pueden desligarse de los nuevos sitios que se recorren con curiosidad, con sorpresa o con la firma intención de encontrar aquello que se ha deseado conocer. Así mismo, el viajero no puede liberarse de lo que ha leído y esas memorias a veces afloran cuando se camina por calles y rincones, desconocidos y conocidos al mismo tiempo.

Los recuerdos de Ginebra vuelven a mi mente por varias vías. La primera es la cajita de música roja que reposa en mi mesa de noche, que tiene una imagen de “Le jet d’eau de Genève” y que al darle cuerda me alegra con las notas del Pachabel Canon; la segunda son las fotos, especialmente las del puente Montblanc iluminado en invierno y las de la tumba de Borges en el cementerio de Plainpalais (“Sentir que la vigilia es otro sueño / que sueña no soñar y que la muerte /que teme nuestra carne es esa muerte /de cada noche , que se llama sueño.”). La tercera, y tan poderosa como las otras, ¡es el sabor del fondue de queso!

El lugar escogido para descansar y comer después de un día de intensa caminata fue los “Baines des Paquis”, un conjunto de piscinas, saunas y baños terapéuticos sobre el Lac Léman. Sebastián y sus compañeros de CERN solían ir allí a comer después del trabajo, pues el restaurante de los “baños” ofrece un excelente fondue a un precio asequible, en un espacio bastante pintoresco (la foto tiene un tono azul gracias a las luces de neón), con una hermosa vista y muy popular para los habitantes de Ginebra sobre todo en el verano, cuando es el epicentro de varios conciertos y exposiciones de arte. Sebastián reservó con varios días de antelación una mesa a la que llegamos cansados, felices y hambrientos.

Foto: Paola Estrella

El calórico fondue llegó en una generosa olla roja, cuya humeante mezcla inundaba con su penetrante aroma a todos los que estábamos sentados frente a la mesa (que compartíamos con un grupo de señoras mayores, que seguramente habían dejado a sus maridos en casa mientras asistían a su reunión semanal de amigas alrededor de este plato particular del invierno). Comimos el fondue con pan hecho en horno de leña, al cual debíamos remojar en la mezcla de quesos (por lo general gruyère, comté y emmental) y vino blanco, la cual debe mantenerse a la temperatura indicada con un mechero de alcohol para que tenga la consistencia deseada (bastante más espesa y seca que la textura de los fondues que había probado antes en Colombia).

Foto: Paola Estrella

Acompañamos la comida con una botella de Chasselas de Dardagny, perfecta ―según el camarero―, para acompañar platos que incluyen queso. Lo mejor de esta cena vino al final. No se trató justamente del postre sino de la gruesa capa de queso que se va secando y pegando al fondo de la olla, y que los camareros amablemente despegan, para que el convite de este plato creado para compartir se prolongue un poco más.

Bain des Paquis

  • Dirección: Quai du Mont-Blanc 30, Geneva 1201 , Switzerland
  • Teléfono: 022 738 16 16
  • ernesto

    Recuerdos de una piscina entre el calor de la familia y un asado de queso, no puede dejar de distinguirse entre el vapor de los ¨baños¨, un fuerte, fortísimo abrazo….. gracias por este encuentro suculento, te añorábamos.

  • irlanda

    Paolita, tan linda como siempre, haciendonos pasar saliba con tan exquisitos platos…. gracias por compartir con nosotros tus vivencias….