París, macarons y un encuentro casual

Después de desayunar uno de los típicos desayunos parisinos ―chocolate caliente con pain et confiture (baguettes aún calientes con mermelada y mantequilla)― en una boulangerie de Montmartre, pasamos por el mercado de frutas del barrio y compramos unos grandes y jugosos duraznos para comerlos a media mañana. Íbamos hacia la estación de Saint Georges, cuando a lo lejos oí que gritaban mi nombre. Cuando voltee ahí estaba ella, igual a como la recordaba: sus ojos, su cara, su voz, su sonrisa eran los mismos. La última vez que nos vimos Nathalie y yo fue hace justamente 12 años, pero ahora ella llevaba de la mano a la pequeña Eva, quien no habla español y me miraba con ojos divertidos cuando yo intentaba hablarle en un mal francés para decirle que era una amiga del colegio de su mamá. Nos miramos con la incredulidad que precede a estos encuentros. Estábamos ahí, en una esquina de París, la ciudad de la que ella nos hablaba entre una y otra clase, la ciudad que siempre desee conocer y a la que ella finalmente regresó.

Resumimos nuestras vidas mientras llegábamos a la estación del metro y, despidiéndonos ya, caímos en cuenta de que alegremente debíamos tomar la misma la línea. Los minutos de más nos dieron la oportunidad de intercambiar nuestros datos y de prometernos que nos visitaríamos en el futuro. Cuando bajamos del metro y cada una tomó su camino, yo aún no salía de mi asombro y no pude evitar recordar los inesperados encuentros parisinos de los que tanto gustaba Cortazar: “convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico… Preferíamos encontrarnos en el puente, en la terraza de un café, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.

Saliendo de la estación de la Ópera, mi hermana dio un grito de felicidad: habíamos encontrado, por fin, “Pierre Hermé”, la boutique donde vendían esos “pastelitos diminutos, redondos y de colores pastel”, que ella creía que se llamaban “macarrones” (mientras yo insistía en que sólo podían llamarse así los tubitos italianos de pasta) y que Blair Waldorf comía con tanto garbo paseando por las calles de París e incluso estando dentro de la bañera… Pierre Hermé, además de macarons (una especie de galletitas hechas de clara de huevo, polvo de almendras y azúcar pulverizada), expone y vende en una hermosa vitrina trufas, bombones de chocolate y caramelos, como si fueran pequeñas joyas gastronómicas.

Los macarrones se ven como dos botones lisos y redondos pegados por una generosa capa de crema… Los hay de mil sabores: almendra, crème brûlée, café, violeta, maracuyá con chocolate negro, pistacho, mandarina, anís, caramelo y mantequilla, azahar, pétalos de rosa, vainilla… Un color distinto por cada sabor. A los macarons se los debe comer de a pequeños bocados, para que el placer que provoca comerlos dure bastante. Al morderlos, a pesar de ser crocantes por fuera, se desbaratan en la boca por su suavidad y cremosidad. Su dulzor envuelve toda la boca. La sensación al probarlos me recordó la textura a los suspiros (o merengues) que horneaba mi abuelita Enriqueta los sábados cuando yo era niña. Compramos algunos de varios sabores para llevar, con el propósito de comerlos como postre cuando cayera noche, frente a la iluminada Torre Eiffel para brindar, sin champagne pero sí con macarrones por los encuentros sorpresivos con los amigos que uno cree perdidos, por estar de nuevo en familia y viajando las 3, mi mamá, mi hermana y yo, juntas de nuevo.

 

Macarons & Chocolats Pierre Hermé Paris
Dirección: 39 Avenue De L’opéra 75002 Paris
Web: http://www.pierreherme.com

  • ernesto

    Recuerdo bien, andaba sin buscarte y caminaba sin deleitarme, ahora espero que el candado que deje en el puente, me permita volver pronto a verte, espero rápido volver a sacudir mis papilas gustativas y mis efímeros nervios olfativos, para sorprenderme con tus letras entre mis memorias hipocampales.

  • cony

    hace 27 años conoci a susana fiorucci en europa.no la he vuelto a ver.no se nada de ella.solo que era pintora de santa rosa,argentina.qal empezar a leer tu escrito,se me vino a la memoria.quiisiera,que fuera asi nuestro encuentro,pero no se como encontrarla!!!

  • En verdad un gusto leerte de nuevo, porque a veces en la vida las personas con quienes compartimos no estan tan cerca como queremos, pero siempre, un mensaje o un encuentro, hacen que los sintamos mas cerca. Un abrazo grande y espero que sigas disfrutando de esta gran experiencia…
    PS: te pienso todos los dias como a eso de las 12m 😉

  • lex

    Si!!!!!!!!!!! Macarons mis favoritos espero que sigamos comiendo juntas y que en tus crónicas estén nuestras aventuras conociendo el mundo a través de los sabores.

  • Volviste, espero que para compartir muchos más platillos, de comas, puntos suspensivos, descripciones, cursivas, uso de arcaísmos, reconocimiento del ser humano en lo que come, en dónde lo come y como lo come, la predilección de comunicarse con el cuerpo, mientras se derriten las texturas de las frutas antes de hacer contacto con los labios, platillo que estén llenos de aventura y protesta, de sabor y desazón. Cortazar, el Maestro si que dudaba del dentrifico, si que dudaba de quién no sabia usar cada uno de sus dientes, cada instante de su digestión.

  • Andrea

    Pao: Es una delicia leerte. Me encanta la cita de Cortázar encaja perfecto con el resto del escrito. Sigue probando y viajando para que nos transportes con tus letras y gocemos tantas delicias…

  • Victoria

    Qué hariamos sin tus gustosas descripciones que nos trasladan por minutos a magnificas obras de cocina…donde quiera que te encuentres…te extrañamos Pao.

  • Antonio

    Paola leerte antes del cafe de las 10 hablando de los macarons fue medio tormentoso no solo por los pastelitos sino por el recuerdo de la compañia.

  • Magda

    Delicioso me encantan todos los productos de pasteleria y los de esta ciudad si deben ser fantasticos! me encantó esta combinaciòn de amigos, turismo y buena comida; que bueno volverte a leer!

  • Lorena

    Era justo y necesario un nuevo post… aunque nos hables de esas lejanas tierras que espero conocer algún día… Miss you so much!!!

  • Ocelotia

    Que lindo que escribes, se nota que desde el alma te salen las descripciones de tus encuentros, encuentos con tus amigos, con los manjares, con tu familia, con tus recuerdos, espero que nos encontremos pronto.

  • ale

    no sé qué me gustó más: si los macarrones, parís, el encuentro azaroso o cortázar.

    creo que todo junto funciona perfecto. qué bien volver a leerte.

  • Paola Estrella

    Gracias por los comentarios 🙂 Pd. te extrañamos, Chastity.

  • Diana Gonzalez

    Me encanto Pao…. Extranaba leerte…

  • Dalh

    extranaba leer tus articulos, cada palabra me recuerdan tal y como eres…

  • Se me hizo agua la boca leyendo tu descripción de los macarons, muy cercanos, de hecho, a los merengues. Para quienes, como yo, por el momento no podemos comer los de la pastelería parisina que sugieres, podemos contentarnos en Bogotá con los de La Bagatelle. Un abrazo desde acá!