Brot: ¡Mesa para uno, por favor!

La soledad me atormenta y son pocas las cosas que me gusta hacer únicamente en compañía de mí misma. Ya es miércoles. Mañana a primera hora debo entregar este post y los planes de ir a un tentador restaurante brasilero con unos amigos fueron cancelados a última hora. Si a eso le sumo dos días de mucho trabajo, el resultado es que estoy desparchada y no tengo invitado especial ni lugar para reseñar.

Como sucede con las cosas importantes de la vida, mientras me visto veo frente a mis ojos “Una soledad demasiado ruidosa”. Lo abro y encuentro de sopetón una cita subrayada en el 2001: “porque yo cuando leo, de hecho no leo, si no que tomo una frase bella en el pico y la chupo como un caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como el alcohol, se disuelve en mí, la saboreo durante tanto tiempo que acaba no sólo penetrando mi cerebro y mi corazón, si no que circula por mis venas hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos”.

Gracias a Hrabal y a esta linda frase en la que leer y saborear se entrelazan, decido dejar mi miedo atávico a la soledad y probar ir a leer sola (lo hago así normalmente pero en mi casa, de vez en cuando en la biblioteca o mientras espero a alguien) a una linda cafetería, tomar algo caliente y degustar un pastelito. Me imagino tirada en un mullido sofá, con el libro lleno de moronitas, tanteando la taza de té con los dedos, los ojos clavados en las letras porque no espero la llegada de nadie. ¡Está decidido! Mi acompañante es el libro que me regalaron de cumpleaños y Brot es el sitio escogido para ir a leer.

Entro a Brot en una tarde soleada, pido una mesa “para uno” y me ubican en un rinconcito de la terraza, que está tapada por carpa tranparente y un gran parasol amarillo. Las paredes de Brot son plantas reverdecidas que dejan entrar los rayos de sol. Mientras me traen la carta impresa en el salvamanteles, pongo sobre la mesita de forja la cámara, el teléfono, el libro y la libreta, y queda llena (es, literalmente, “para uno”). Tengo calor: pido jugo de fresa y pan de chocolate, y empiezo a leer.

El sitio está lleno y me resulta más tentador ver a los ocupantes de las mesas y sus órdenes que concentrarme en la lectura: elegantes señoras que sobrepasan los 60 toman chocolate con una canasta llena de panes, algunas charlan con sus amigas, y otras leen revistas. Dos novios con uniforme de colegio comparten un frapuccino y le piden dos veces al mesero que les ponga más crema chantilly. Un presentador de tv y sus amigos ríen a carcajadas, toman capuccinos y comparten los panes de la canasta. En la otra esquina del café, para mi sorpresa, hay otra mujer sola. Toma té, escribe en su bb (no en Brigitte Bardot), toma más té y no mira a nadie.

Llega el pan de chocolate hojaldrado, calientito. Empiezo a leer, pero siempre alzo la mirada porque espero que traigan el jugo de fresa antes de empezar con el pan y porque hay mucho ruido, risas y murmullos… mi cuota de ruido es el pasar de las hojas cada tanto. Cuando llega el gran vaso de jugo “de fruta fresca” como afirmó el mesero, el pan se ha enfriado pero el hojaldre está crocante, lo parto y el libro queda lleno de las moronitas que me imaginaba por la mañana y sus hojas se engrasan. Llego a la crema de chocolate, muy suave y apenas tibia. Empieza mi banquete, me olvido de la lectura y sigo viendo a la gente (¡Este ejercicio es, sin duda, mejor para un escritor en ciernes que busca personajes, que para un lector desconcentrado!).

Cuando leo, pierdo la noción del tiempo y de las proporciones. 15 páginas más adelante, se siente el frío de la noche, así que pido un rico té de frambuesa y un pan de yuca. Levanto de nuevo la mirada, Brot está casi vacío, se oye bossa nova de fondo y el ruido de los carros que bajan por la 81. Concluyo que es un peligro quedarse en una panadería mucho tiempo: después de otras 15 páginas, el mesero ahora me ofrece sopa de tortilla para el frío (no la pidan, las tortillas parecían Maizitos, el maíz era de tarro).


Ya es jueves. Me dispongo a releer el post antes de enviarlo. Entro a la oficina y lo primero que veo es el poster de Raúl Gómez Jattin: “La poesía es la única compañera / acostúmbrate a sus cuchillos / que es la única”. Me uno a Gómez Jattin, pero la compañía, sea cual sea, es mucho mejor con algo rico para comer.

PS. Repito, no se queden mucho tiempo en una panadería (sea cual sea): ¡lleve a mi casa un rollo de canela y una baguette con chips de chocolate para el desayuno!

PS2. De vez en cuando, Antonio José toca temprano a la puerta de mi oficina (y a la de todos sus compañeros de trabajo) y nos ofrece una baguette de chocolate de Brot recién hecha y comprada muy temprano, cuando va a dejar a sus hijos al colegio.

BROT Bakery & Café
Dirección: Calle 81 # 7-93
Teléfono: (571) 3476916

Para refrescarse: Jugos, Té helado, Milo frío, etc., entre $3.700 y $4.200
Para calentarse: Espresso, Chocolate caliente, Capuccino, etc. entre $2.100 y $3.850
Panadería: Pan de chocolate, muffins, pan de yuca, baguette de chocolate, rollos de canela, etc. entre $1.700 y $3.000
Para comer: Ensaladas, sopas, Sánduches entre $8.000 y $17.000

  • Olga

    Me encanta como describiste tú tarde contigo en Brot!
    Sé por experiencia propia las calorías que se ganan gracias al delicioso pan de chocolate hojaldrado de Brot. Durante varios meses, Brot fue el punto de encuentro con mis profesores y companeros del Goethe. La excusa: reunirnos en un ambiente distinto al de los salones; la verdad: comer ese sabroso pan. Que antojo!

  • Magda

    A mi me encantan los productos de panaderia; y mas a aún la cita que referencias: relacionada con corazòn venas y vasoso sanguineos hermosa me encanta todo lo que tenga que ver con cardiovascular

  • jota

    muy chvere leerte aun cuando hoy no me dieron ganas de comer si resulto reconfortante el leerte

  • Me encantan las panaderias, el olor es hipnotizante… creo que un dia estos voy a BROT

  • Jordi

    Apreciada Paola, las panaderías siempre han tenido para mi algo especial. Hasta en los más recónditos lugares donde he viajado, al sentir el suave aroma del pan recién elaborado, no tengo otra alternativa. Debo entrar al establecimiento y saborear ese pan. Por otra parte, son centros neurálgicos de la raza humana, por aquello de “danos hoy nuestro pan de cada día”. Hace dos meses que desayuno en una panadería, para más información “Panadería Santa María”, situada en la carrera 5ª a la altura de la calle 26. Es una panadería muy popular donde uno puede desayunar desde un croissant de chocolate hasta un caldo de costilla, pasando por un tamal humeante. En mis desayunos, a falta de una buena compañía, desarrollo mi capacidad innata en observar a todos los variopintos personajes que, como yo, ingieren ese plato matutino, o bien, simplemente se acercan al mostrador a comprar el pan de cada día. Es un auténtico zoológico humano en el que soy capaz de integrarme hasta tal punto que casi adopto un estado omnisciente . Individuos octogenarios, jóvenes amantes, rastas iracundos, proyectos de gomelos y hasta un kogi ataviado con sus mejores prendas. Ya sólo me faltan un wiwa, un arhuaco y un kankuamo. ¿ Vendrán alguna vez a mi panadería…? A veces pienso que mi ejercicio roza el límite de la intimidad de todas la personas blanco de mis intereses. Hablan, ríen, lloran, discuten, se besan , van y vienen a mi alrededor. Pero para cada una de ellas me imagino una historia. No me importa que pueda ser cierta. Simplemente me la imagino. Y en esas lides termino mi desayuno. Reseteo mis neuronas y salgo al mundo real.

  • Excelente, ya quiero ir a no pedir la de maizitos de tarro sino todo lo de choco.

  • Javier

    Lo bueno es que tanto el chocolate como tu lectura se me antojan al leerte.

  • Lorena

    A la próxima yo te acompaño!! una panadería siempre es una buena opción para mí!

  • Pamela

    Conozco ése baguette de chocolate…su olor me perturba, olvido la dieta y la verguenza…pido de nuevo y repito sin pensar!!!!