Barranquilla-Pasto (Parte I)

A simple vista, Catalina y yo somos como el agua y el aceite. Sin embargo, algunas características individuales delatan nuestra convergencia: tenemos la misma edad, crecimos en un matriarcado y hablamos hasta por los codos; somos de provincia, nos sentimos bien recibidas por Bogotá y por tanto agradecidas; nos gusta leer a Virginia Woolf y a Marvel Moreno, y consideramos a Rafaela y a Valentina, perra y gata respectivamente, amigas solícitas y almas gemelas de cuatro patas. Como regla general, nos vemos una vez al año (no pregunten por qué) pero estamos pendientes de lo que cada una escribe. En lo que queda del 2010 decidimos romper con la primera costumbre en pos de la segunda: nos veremos al menos dos veces (ojalá sean más) con el propósito de intercambiar sabores de la infancia para reseñarlos en “Buena muela”.

Me dice Catalina que en su Barranquilla natal la comida árabe puede considerarse típica, por la fuerte presencia de inmigrantes sirios, turcos y libaneses; y que en Bogotá, cuando quiere sentirse en casa, va a la Pastelería Sahara pues considera que allí sirven la comida árabe más similar a la que se consume en el día a día barranquillero.


Gracias al plato Mixto Árabe Especial y a Catalina tuve una interesante introducción a esta aromática comida. Apenas nos sentamos a la mesa, nos sirvieron pan pita y una generosa porción de tahine. La entrada era una ligera sopa de lentejas aderezada con especias (el mesero no me dio razón de cuáles), canela y yerbabuena, que le proporcionaban frescura y un ligero picor.

El plato fuerte, en el que predominaba el sabor del ajo, estaba compuesto de varias preparaciones que tenían una tarea especial en esa mixtura de sabores: babaganush, una ácida compota de berenjena; falafel, una croqueta de garbanzos triturados, tostada y firme que aligeraba los sabores muy fuertes; shisquebab*, bolitas de carne molida ensartadas en una especie de “pincho” y asadas a la parrilla; tabule, una crujiente y refrescante ensalada de lechugas, pepino, perejil y trigo; berenjenas encurtidas; un cremoso puré de garbanzos llamado hummus; un quibbe, acompañado de la correspondiente explicación fonológica de Catalina pues deben pronunciarse las dos b, es decir, hacer una pausa entre cada una: “quib-be”; un dolma, al que también se le llama indio, que es una hoja de parra envolviendo una mixtura de carne y especias; y, por último, un delicado y ligeramente dulce arroz con almendras.


El postre, que también se incluye en el Mixto Árabe Especial, era un delicado rollito de pasta filo relleno de nueces y almendras molidas, y bañado en almíbar de miel. Como postre también se puede escoger mamul relleno de dátiles, azabeth o waclawa (estoy en mora de regresar a probarlos).


Las curiosidades de este restaurante son varias. Como pueden ver en la primera foto, tiene toda la pinta externa de un corrientazo colombiano, sirven en una vajilla que ha recuperado las piezas de al menos 3 sucesoras y además de shawarmas de cordero, tahine y tabule, también sirven pastel gloria, desayunos con huevos al gusto, empanadas chilenas y vino caliente, todo amenizado con música de oriente. No obstante, por la experiencia en “Sahara” con el Mixto Árabe Especial sólo me queda decir: ¡Ojalá todos los corrientazos en Bogotá fueran como éste!

“Sahara Pastelería”

Dirección: Carrera 4 No. 17-23
Shawarmas: Entre $5000 y $9000
Mixto Árabe Especial: Entre $12000 y $14000
Quibbe: $1200
Falafel: $1000
Porción de babaganush, dolmas, berenjenas, tabule, tahine: $2000
Dulces árabes: Entre $600 y $1800

* Transcribo los nombres tal cual están escritos en la carta porque, al parecer, la grafía puede ser diferente.

  • emilio hernandez

    aclaro la direccion que solicito es en Pasto gracias

  • Magda Arteaga

    Interesante opción para el paladar, quedo en espera de la II parte de este blog

  • Ernesto

    Vas a tener q llevarnos a este sitio de comida fusion arabe-colombiano-chilena, de verdad debe ser maravilloso como todas tus recomendaciones … envidia de la mala por comer tan bueno!!!

  • Mi querida Paolita. Me gozo en saber que en Colombia se combina nuestra comida con la de los otros países, somos muy acertados y recursivos, ya que nuestra tierra es muy apetitosa por los extranjeros. Que comida tan atractiva tengo que ir a deleitar todo lo que nuestro Dios nos ofrece.
    Paolita muy gentil por orientarnos y bueno alentarnos para cuando vayamos a todos esos sitios tan especiales, digustemos de esas delicias que son manjares en nuestro paladar.
    Reciba una brazo y lluvia de bendiciones.

  • Lorena

    También quiero hacer una precisión… aunque la comida árabe es bastante común en Barranquilla (por la cantidad de restaurantes y familias de esa región) no considero que sea algo del día a día, no deja de ser un plato especial con el que deleitarse en ciertas ocasiones….

  • Lorena

    Parece un buen sitio para probar, sobre todo que por lo que veo tiene mejores precios que lo que normalmente se consigue en otras partes de Bogotá.

  • moteshakeram (es lo más parecido fonéticamente) 🙂

  • Camilo Andres Hernández

    Se ve diferente pero rico, ademas si tu lo recomiendas es muy bueno. Yo me apunto a ese corrientazo.

  • Mafe Revelo

    Pao, que agradable descripción haces acompañada de tu siempre sentido del humor.
    Ahora el turno entonces será para Catalina, me encantará leer un dia su historia sobre las empanadas de añejo en el Guadalquivir, el sandwich de pernil en Bombona y los pasteles e inigualable avena de La Alzacia.
    Un beso.

  • Ocelotia

    Que delicia de comida, la descripción y las fotos me hicieron querer salir volando por un plato de esos… mmmmmmm

  • Victoria

    En efecto muy árabe la influencia de la comida en gran parte de la costa norte; pero siendo del sur del país, tan pronto vi la foto y descripción de la sopa de lentejas, me remoté a mi infancia a la que hacia mi abuela…cual “Anton Ego” en la película Ratatouille de Disney.