Minimal y la “mala educación”

Desde que comencé a escribir el blog, mis amigos, mis conocidos y mis lectores empezaron una lista de recomendaciones para mis posts, que incrementa con los días y que me exhorta a viajar a los parajes culinarios que ellos postulan. La primera persona que me advirtió sobre los territorios de “Minimal” fue, justamente, Catalina Ruiz-Navarro, la directora de Hoja Blanca, cuando hablábamos de lugares de comida colombiana ―no necesariamente típica― a los que nuestra profesora debía llevar a un extranjero itinerante en Colombia. Un par de años después, Lorena y Mauricio armaban planes para que yo conociera la fusión de la cocina del Pacífico con la de la Amazonía, la del Caribe y la de la Región Andina… pero, lastimosamente, no se concretaban; no obstante, la visita de Carlos, un ingeniero peruano con paladar de gourmet, fue el motivo perfecto para conocer el poco “minimalista” menú de “Minimal”.

Para mí, el rito de comer empieza al percibir los olores que se escapan de las cocinas o cuando te provocan las palabras con las que se describen los platos. Según esto, creo que “Minimal” cumple a cabalidad la iniciación del rito. Apenas se cruza la entrada del restaurante, se puede acceder a la cocina a través de una amplia ventana por la que salen en desbandada olores e imágenes de la comida en preparación; y, una vez sentados frente a la mesa, ¿cómo no sucumbir ante una carta a la que solo le sienta la palabra “sugestiva”?… “Tigres colorados: Camarones tigre rebosados en el intenso rojo del achiote, revolcados en mayonesa de uchuva…”.


La escogencia de la entrada que compartimos tuvo que ver, en parte, con el deseo de sorprender al amigo peruano: le recomendamos degustar la bien conocida jaiba, pero cocinada en leche de coco y envuelta en plátano maduro, que formaba bolitas crocantes, dulces y saladas, bañadas en una mayonesa de suave picor. El nombre del plato es “Tumaco”, de donde traen todo el pescado que se sirve en el restaurante.


Los platos fuertes en la mesa fueron variados. El “Lomito al curry verde”, trocitos de lomo bañados en un consistente curry (el plato que evidentemente sale del perímetro colombiano), es recomendable sólo para paladares que soportan bien la comida fuerte y picante, porque les sacó un par de lágrimas a quienes lo ordenaron. Las “Costillitas en cerveza negra”, caramelizadas con la reducción de la cerveza, dejaban un delicioso y ligero toque amargo al final pero su textura resultó algo fibrosa. El gusto del almidón de la yuca brava (recuerden, lectores, que sin ser procesada la yuca es venenosa), base de la salsa del “Lomo con tucupí”, es el protagonista de este plato de tendencia amazónica, pues se trata de un sabor que no está en las referencias habituales de los comensales. El plato que ordené y con el que me identifiqué totalmente, cosa que no suele ocurrirme todos los días, fue para mí el ganador de la noche: “Vamos a la playa”, colitas de un mero firme, de excelente calidad, con una salsa acidita y dulce de lulo y algunos aros de cebolla (¡¿cómo no lo descubrí antes la conexión del lulo en la comida de sal?!).


El jugo y el helado de copoaçú (este último acompaña el “Brownie picante” con el que finalizamos la comida) son otra sorpresa merecedora de reseñarse, así como la descripción que Fabianni, nuestro mesero, hizo de la fruta: “es del amazonas, es parecida al coco y tiene la textura de la guanábana pero no sabe a guanábana”. No creo poderla describir mejor que él, así que lo recomendable es que la prueben ustedes mismos e intenten describirla por sus propios medios.

El “Manual de Carreño”, que estaba en la biblioteca de mi salón de clases en el colegio, reza: “Abstengámonos severamente de llevar al original, u ofrecer a otra persona, las comidas que hayan estado en nuestro plato”. El pobre Carreño debió revolcarse en su tumba porque esa noche en “Minimal” todos compartimos y probamos todo. Gracias a la “mala educación” de la que hicimos gala mis acompañantes y yo, pude escribir hoy este blog de comida fusión colombiana y, además, ¡conseguí un muy buen contacto en Lima, con quien recorrer los mejores restaurantes de esa ciudad!

“Minimal”
Dirección: Cra. 4A No. 57-52
Información y reservas: [571] 3475464
Página web: Si quiere mejores imágenes de los platos (ya sabe, es mi deber es recordar las clases de fotografía) visite la página web http://www.mini-mal.org y déjese tentar con la descripción de los platos.
Entradas: Oscilan entre los $11.900 y los $19.900.
Platos fuertes: “Lomito al curry verde”, $25.900; “Costillitas en cerveza negra”, $25.900; “Lomo con tucupí”, $25.900; “Vamos a la playa”, $22.900; “Tigres colorados”, $25.900.
Tienda de diseño: Antes o después de comer, vístase y decórese con lo que se ofrece en la Tienda de diseño de “Minimal”. Las lámparas sobre la mesas también están en venta.

  • Ocelotia

    Es una delicia leer este blog, lo he seguido desde sus inicios y cada vez se supera… y por supuesto, provoca visitar los sitios que postea: Cumple 100% su objetivo de brindarnos información adecuada y de paso entretener al lector!

  • Magda Arteaga

    Me gusta desde la presentación de los platos, hasta el relato de Buena Muela tanto que se me hace agua la boca; muy bueno!

  • dianal

    una deliciosa descripcion!!!

  • Muy bueno tu blog, y te diré que la segunda foto es espectacular

  • lina

    Tengo que ir para entender el saber del helado de copoaçú… muy buena recomendacion

  • Francisco J. Perez

    Me dio hambre y antojo, por lo cual le doy 10 estrellas a tú blog.

  • Antojadisa

    La descripción deliciosamente gráfica y antojadora. Me transpotó a la Costa Pacífica con todos sus encantos y sabores.Debo visitarlo.

  • Shalconv

    Siempre que voy salgo sin plata y con hambre…

  • ChiQui PareDes

    Me falto una palabra, perdón yo se que me entiendes.

  • ChiQui PareDes

    Muy buena recomendación, no pensé que así de especial el lugar, habrá que ir. Buena esa.