Andrés Delgado y el mundo a la vuelta de la esquina

Por: Jeffrey Ramos

I
Escribir es en esencia un acto de rebeldía. Las palabras se convierten en un espejo que delata lo que vemos, que deforma la realidad y la impone muchas veces a nuestro gusto. No se trata de objetividad y verdad, sino de algo más lejano, de imponernos contra los esquemas que los otros ven. Escribir sobre el mundo es un acto egoísta, trasplantamos nuestros ojos al lector y le enseñamos el mismo mundo con otros matices. Desobedecemos el universo que los otros ven, que nosotros vemos y lo transcribimos en palabras. Por eso escribir se convierte en obsesión, pasión, vicio. Por eso entiendo lo que dice Andrés Delgado mientras hablo con él por teléfono:

– Siento que cualquier momento que no escribo estoy perdiendo mi tiempo.

Andrés Delgado y su biblioteca.

II
La voz de Andrés suena muy diferente a como se oía en mi cabeza, mientras leía Piel de topo. Ahora que estoy al teléfono y lo escucho a través del celular siento ese acento paisa que sisea en curvas entre frase y frase y que pasó desapercibido mientras devoraba su crónica de la visita al Profesor Saúl. Andrés Delgado no fue uno de esos niños prodigio que se la pasaban en la biblioteca durante su infancia. Cuando mira hacia su niñez su primer acercamiento a la escritura fue en la primaria, cuando realizo una serie de relatos sobre la vida en la escuela. De su bachillerato solo recuerda las horribles clases de español con profesores tan cuadriculados como su cuaderno. Fue en el ejército donde un gran amigo suyo le enseño por primera vez a leer. A leer de verdad, a leer cosas aparte de la cartilla Nacho y los folletines de la escuela, fue desde ese primer acercamiento a la lectura que la escritura se le convirtió en una obsesión, en un deseo por salir de esos esquemas, en una necesidad por contar historia reales.

Estudio por obligación Ingeniería de Producción, según su propia descripción “una carrera insufrible que enseña a estandarizar procedimientos, calcular eficiencias e implementar planes de mejoramiento.” Es en esa vida paralela que escribe crónicas sobre chamanes impostores y viudas que lloran sus muertos despedazados. Para Andrés el trabajo que le proporciona su carrera de ingeniería es un martirio necesario para ganar el pan del día y al mismo tiempo un desperdicio de tiempo que bien podría ser invertido en escribir sobre tantas cosas…

Y es precisamente en ese espíritu de rebeldía que, lejos de un acto de falsa modestia, rechaza el título de periodista o de narrador de sus historias. Con soltura afirma que su periodismo de autor no es más que un título disfrazado para hacer lo que se le da gana con el texto, para utilizar técnicas narrativas, para hablar del mundo que se ve a la vuelta de la esquina. El punto es sin duda contar historias verdaderas, pero sin seguir ningún decálogo como los que enseñan en las clases de periodismo o de pretender una falsa objetividad. La crónica se ha convertido en su instrumento predilecto para hacer uso de su periodismo de autor. Desde allí combina la técnica investigativa con las herramientas que le proporciona la libertad de ser el autor y el testigo de lo ocurre. Sin seguir ningún esquema, sin pretender no estar, sin aparentar nada, podemos ver a Andrés Delgado detrás de las líneas, indignado por la conchudez de François Girbaud.

Hoja Blanca ha sido precisamente una plataforma donde afirma ha podido escribir sin tapujos, desde su vinculación, hace ya más o menos 2 años mediante una convocatoria, Andrés a encontrado en el proyecto la posibilidad de generar textos que se ajusten a su estilo de contar historias, sin esa pretensión del periodismo de ser neutral o esos direccionamientos que tanto odia de su otra carrera.

Su próximo proyecto que saldrá a la luz en septiembre durante la fiesta del libro en Medellín es la novela Sabotaje, que tiene como trasfondo el pago del servicio militar obligatorio. El personaje es un joven que a través de esa experiencia se va transformando y cambia su vida. Es un relato de ficción, pero que tiene investigación, además por supuesto de algunas cuotas de realidad brindadas por la experiencia del propio autor. Mientras tanto afirma estar concentrado en no volver a la universidad, en montar bicicleta, en pasar tiempo con sus hijas y en reconciliarse con mamá y papá.

III
Andrés se despide sin antes, como no, invitarme a pasarme por Medellín y llamarlo para hablar un rato. Me recuesto en la silla y mientras leo los fragmentos de Sabotaje que me envió por correo no puedo evitar sentirme identificado con ese personaje de acento paisa que se refiere al personaje de su propia novela como ese man. Entiendo su odio hacia un trabajo monótono y esquemático, su necesidad de escribir lo que se la gana, esa neurosis que siente cuando se sienta frente al teclado. Me pierdo entre las líneas mientras el protagonista maldice su suerte por ser el último en darle la vuelta a la palmera y redescubro en ese párrafo la esencia de Andrés Delgado: la disciplina del oficio con la pasión de la labor.

Acerca de Hoja Blanca 3 Articles
Información Básica
  • JhonPerezOK

    Quisisera ser un come-libros

  • JhonPerezOK

    Escribir es un don celestial, pero cada vez que leo, me crítico a mi mismo sobre lo mucho que me falta por aprender a escribir.

  • Diana

    Excelente presentación para un escritor de vanguardia que entrega de sí lo que considera importante desde sus significaciones existenciales.
    Gracias. Encantador personaje el que se describe,…