El verdadero pan de cada día

Fotografía de John E, Davidson, tomada de Corbis

Hay quienes afirman que no se debe discutir de fútbol, política o religión… pero la vida es más sabrosa cuándo sí lo hacemos. Los grupos de fervencia católica —o cristiana genérica— argumentan su repudio hacia los homosexuales con argumentos religiosos y no podrían estar más equivocados. El debate está en auge en Colombia, por múltiples manifestaciones en búsqueda de una verdadera igualdad de género, con bases jurídicas sólidas y ciertas; entonces, la Iglesia se ha convertido en la principal detractora de todo esto. Abordan el tema como si fuera un problema de fe y desde ahí todo se va en picada.

El catolicismo es una religión cuyo rito central parte del arrepentimiento, de lo pecadores que son todos y del perdón que es necesario rogar una y mil veces, hasta el fin de los tiempos -dejo a un lado el análisis de otras vertientes del cristianismo, que nunca he profesado y no conozco a fondo; pero intuyo que parte de lo aquí expuesto es igualmente aplicable. Los más píos dirán que la enseñanza de Cristo se centra en el amor, y estaría de acuerdo con ellos, pero aun así creo que el mensaje de arrepentimiento sigue siendo el que más acogida tiene en la propaganda de la iglesia.

Como ex alumno de colegio y universidad jesuita, bautizado y ateo confeso, puedo dar fe de que en ningún capítulo de mi formación se me inculcó el odio por la condición de otros; sólo hacia mis propias acciones, porque pecar es lo más cercano a vivir. Por esa razón me extraña siempre ver que ligan la ira homofóbica —que insisto, es un crimen de ignorancia— con la religión católica, la cual sostienen que profesa el amor.

El argumento no puede ser más tonto, apoyar la igualdad de género parece ir en contra de los principios de la vida cristiana y de la Iglesia Católica, pues repiten, como haciendo eco por memoria selectiva, la gran piedra angular de su construcción ideológica, la prohibición del Levítico que declara aberrante que un hombre se acueste con otro hombre (18:22). Pero es porque no nos importa incumplir todo lo que prohíbe el Levítico —o cualquier otra cosa del antiguo testamento; como no apedrear a un hijo por desobediente, glotón o borracho (Deut. 21:20-21)- que no soy/somos/son judío(s) ortodoxo(s).

La lista de prohibiciones compilada está en este link «http://leviticusbans.tumblr.com» y algunos buenos chistes derivados de ellos están en este video:

«http://youtube.com/watch?v=r9yvm8h8GnY»

Para resumir, no pueden afirmarlo si están afeitados (19:27), mientras echan chisme (19:16) o comiendo coctel de camarones —u otra cosa que nade sin tener escamas— (11: 10-12) o que haya caminado en cuatro patas pero tenga garras (11:24)-, algo grasoso o morcilla (3:17) o sus prendas de vestir utilicen varios tipos de fibras (19:19). No puede sostenerlo nadie que en este país se haya retrasado en el pago del salario de su empleado (19:13), haya utilizado la expresión «polémicos empresarios» para referirse a los Nule (19:15), estafado a un cachaco en la playa (19:33-34), o tome asiento en la presencia de ancianos (19:32) —aunque la mayoría de los practicantes de la fe sean ancianos. En sentido estricto, hasta el Papa incumple alguna de esas prohibiciones, porque dudo que sufra de alopecia facial.

De afeitarme, comer chicharrón y chismear, me confieso culpable.

Incumplir lo que prohíbe el Levítico se convierte en un deporte del catolicismo —e incumplir lo del Nuevo Testamento también, en la parte que dice que las mujeres tiene prohibido hablar en los templos (Corintios 1 14:34-35)… díganle eso a mi abuela y mis tías y verán—; hacerle caso omiso a estas prohibiciones es el verdadero pan de cada día.

Dirán que algunas de estas cosas fueron revaluadas por el Nuevo Testamento —que igual prohibe un montón de ridiculeces, como que los hombres tengan el pelo largo (Corintios 1 11:14)… como Jesús— y que su lectura juiciosa avala el rollo de comer cosas impuras (Hechos 10:9-16). En todo caso, si la parte de «Jesús murió por todos» permite que hombres que caminan por ahí con un solo testículo, como Lance Armstrong puedan ir a misa (Deut. 23:1-2 vs. Nuevo Test), significa que cualquier LGTBI también.

Con reclamos tan insulsos para proteger su creencia religiosa como la queja sobre el Ciclo Rosa de la Javeriana resaltan como la amnesia selectiva les impide conocer en realidad su base doctrinal y lo mucho que predican de a oídas. Nada tiene que ver ese evento con ir en contra de los principios de la vida cristiana y de la Iglesia Católica.

Puede que no les gusten los homosexuales, como a quien no le gusta la pizza hawaiana, eso sería discutible y, más importante aún, eso sería un caballo de batalla diferente. Si los argumentos son entonces del orden de los gustos el debate puede darse, pero al final cada quien comerá lo que quiere y listo.
Si la argumentación es un tema de gustos, nada tiene que ver con profesar la fe… ¡ni más faltaba!

  • Me gusta la nota, pero hay que aclarar que no solo la sociedad católica o cristiana se opone a la legalización del matrimonio entre parejas del mismo sexo, sino que es la sociedad que se opone en alguna manera pero no por la unión en si, pues al final cada uno hace de su cola un…. sino por dos cosas puntuales: 1) la idea de introducir la doctrina de la “opción sexual” en las escuelas o colegios y 2) la idea de adoptar hijos, lo cual en el 90% de los casos ha tenido finales desastrozos. (aclaro, no en todas las adopciones se dan estos problemas). Saludos Santiago