Las sociedades de los mutuos elogios

Smiling girl holding awards. Fotografía tomada de Corbis

Es época de premios y reconocimiento y al mismo tiempo parece que el mundo entero y el quehacer humano se reducen tan solo a la música, el cine y la televisión. Claro, es de esperar que, por la naturaleza de su oficio, estas industrias se auto-promocionen e invadan todas las franjas del espectro audiovisual de transmisión en vivo con sus galas suntuosas de libretos semi-cómicos recitados por gente bonita –bonita bonita, como Melanie Laurent y Marion Cotillard –.

¿Pero el resto de menciones al intelecto humano qué?

Seguro nadie se siente satisfecho con las actuales categorías del Premio Nobel si hasta los atletas de Biatlón pueden ser medallistas olímpicos. Existen más logros que los de la academia, así como existen más expresiones de la creatividad que las del arte.

Todos conocemos a alguien que en su oficina cuelga algún trofeo que para ellos representa todo su orgullo y para nosotros no es más que  un pisapapeles muy complejo. Seguro cada disciplina cuenta con una serie de reconocimientos a sus [inserte ocupación aquí] más destacados y resalta sus logros con las placas y las medallitas respectivas. Se agotarían los colores posibles para las alfombras a la entrada si se le diera a todos estos premios la exposición que se merecen. Porque estos nombramientos al estilo del “empleado del mes” son poco conocidos para el resto de los que no visitamos la oficina de donde cuelga el trofeo en forma de cuy con disfraz de panadero.

No es justo que sólo la industria del entretenimiento pueda darse publicidad y bombo televisivo con sus mutuos elogios, estos nos hacen enterarnos de acontecimientos irrelevantes, sí, pero también impulsan la creación de categorías impensables –pero importantísimas para el mercado– que merecen reconocimiento.

¿Cual mujer no quisiera pasar por las manos del doctor que ganó en la categoría de cirugía estética menos notoria del 2014?  o ¿a quién no quisiera leer otro libro del premio a toda una vida reinterpretando a Hegel?, o conocer al mítico politólogo recién graduado y con contrato de trabajo, o regalarse a la firma del abogado que escribió el mejor alegato de conclusión de un caso perdido del 2012, o al que desarrolló el modelo económico más complejo para proyectar una cifra inútil, o gerenciar  la empresa que por tercer año consecutivo ganó por su producto de consumo publicitado de forma honesta… entre otros tantas categorías que la exposición mediática permitiría.

Si cualquier cosa que llame suficientemente la atención de varios productores, para generar bultos de contenidos similares, es excusa suficiente para crear canal de TV micro Temático –desde Discovery Investigation hasta RealTV–… [¡lo tengo!], deberíamos tener AwardTV  –en inglés para que tenga más clase (pfff)–. La sociedad se lo merece, los gremios de los mutuos elogios también, la creatividad para vanagloriar las micro-categorías de lo absurdo podrían desbocarse a rienda suelta y los curriculum vitae rebosarían con reconocimientos fútiles –como ya es costumbre– pero tendrían un link a un perfil en el URL del AwardTV y gozarían  de 15 segundos de fama y…

…Se acordarán de mi, pero por favor díganle a la cadena Fox que me dé algún reconocimiento si les suena la idea, porque al final, hasta el Award en AwardTV es negociable frente al contenido del canal, como la M en Mtv.