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Blog/Lucas Urdaneta |
El Embustero |
No, no daba para tanto. No es serio que le sigamos dando vueltas a un asunto que, fuera de su repercusión simbólica y emocional, no es trascendental para la estabilidad política del país. Cuántas horas le han gastado los principales noticieros del país y cuánta tinta (incluyendo esta) se ha gastado describiendo los pormenores de la desafortunada iniciativa de la ex congresista. Pero eso es lo que les gusta. A estas empresas de la información les encanta ponerle leña al fuego y meter harta cizaña en su labor “social” de incubar el odio en nuestros apasionados corazones. Debemos odiar nosotros los colombianos, por naturaleza. Y son ellos quienes nos dicen quién es el nuevo victimario. Mientras, en la letra menuda de la prensa, nos enteramos de que varios ex congresistas presuntamente vinculados con paramilitares pueden ser procesados por los crímenes cometidos por estos últimos. Y esto sí tiene una trascendencia en el devenir político del país. Pero no, no nos detengamos en el futuro de estos políticos aliados con la motosierra de los paramilitares. Estos casos tan sólo definirán el devenir de la aplicación de la justicia en el país en este tipo de alianzas. Aquí solamente se está definiendo cómo vamos a tomar en consideración estos negocios políticos para ver si, de una vez por todas, desterramos el narcotráfico y el hampa de los poderes públicos. Menuda cosa. Estamos hablando aquí de uno de los principales derroteros de la historia de la violencia en el país. Pero es más fácil y divertido odiar a Ingrid. Es que, ¿quién no la puede odiar? Representa todos los antivalores colombianos: es de la élite; es una mujerzuela (testimonios dan fe de que se acostó con diferentes carceleros de las Farc a cambio de mejores condiciones en su cautiverio); quiere ser europea por sobre todas las cosas y no lo esconde; es frentera (cómo se ve de feo eso en una mujer en un país de machistas como este); y fuera de eso es mezquina porque, con este episodio, le demostró al mundo entero que lo que quiere es más plata. Entonces sí, sigámonos despachando con la bruja esta y creando grupos de Facebook pidendo su destierro definitivo. Pero qué tontos somos. Cuánto tiempo y energía se nos va en esto. Y así se nos va la vida: de escándalo en escándalo en escándalo; de novelón en novelón. Lo urgente siempre se abre paso sobre lo importante. No terminamos de entender lo que pasó la semana pasada cuando los ilustres periodistas de Caracol y RCN nos iluminan el nuevo camino por el cual debemos empezar a andar. Nos trazan el lindero del nuevo drama a seguir y nosotros, cual borregos, transitamos por este rasgándonos las vestiduras por el nuevo capítulo del drama nacional orquestado por ellos mismos, obviamente, con el beneplácito del Gobierno. Las cortinas de humo se han vuelto (bueno, siempre lo han sido) en los grandes salvavidas de esta administración. Cuando no se las inventan llega un artista y se las sirve en bandeja. Y así seguimos tapando y tapando en el basurero de infamias que se ha convertido este país. Que lo de Ingrid sirva como ejemplo de la forma como nos dejamos imponer las prioridades de la agenda nacional. Es perfectamente entendible que nos indigne que esta señora sea una descarada al demandar por una acción que fue su responsabilidad y que, tras de todo, está libre gracias a un operativo costosísimo llevado a cabo por el mismo ejército colombiano. Lo que no se entiende es que le sigamos dando vueltas al asunto mientras, por el lado oscuro del poder, se cocinan las intrigas que nos tienen donde nos tienen. Porque no es de poca monta el futuro de estos ex padres de la patria.
La última de los señoritos daneses de Fighters and Lovers: unas canciones que los músicos simpatizantes de la causa fariana mandaron de manera clandestina a sus amigotes djs en Dinamarca, que afirman compartir su causa, quienes las remezclaron añadiéndoles un “sonido intenso de rebelión metropolitana” como lo escriben en su página. Según la reseña, que invita a que los internautas bajen el contenido del cd de forma gratuita, en los últimos años, este grupo guerrillero ha sacado 23 álbumes de géneros tan diversos como la cumbia, la champeta combinada con hip-hop, bossa nova y rock’n roll. Todo un banquete para el gusto de las nuevas generaciones neo hippies y con una alta sensibilidad social. Lo que indigna no es tanto el producto que promocionan, ya que en los últimos años estamos acostumbrados a sus ventas de camisetas loquillas y demás accesorios a la medida de los miles de revoltosos urbanos. Lo realmente irritante es la forma en que empaquetan su producto. Empecemos: “Imaginen manejando en una carretera empolvada al borde de la selva amazónica, en el corazón de Colombia. El paisaje es rudo e impresionante. El conductor del taxi amarillo, aliviado de estar lejos de los puntos de influencia de la escuadra de matones, sintoniza su radio barato de FM. Sincroniza una frecuencia disonante que conoce gracias al voz a voz de los pobladores de estas orgullosas aldeas rebeldes. Es en este mágico momento, cuando escuchas el sonido de la libertad sin ataduras por primera vez (…).” La hermosa prosa continúa. “La lucha para alcanzar nuevos horizontes de libertad, solidaridad y justicia social no es sólo una causa latinoamericana. Tomemos el ejemplo de Europa en 2007. Copenhagen era, definitivamente, el lugar para estar. Momentos inolvidables de amor y rabia se desenvolvieron en la ciudad mientras la juventud se rebeló contra la brutalidad de la policía y el establecimiento derechizado que trataban de “normalizar” las culturas alternativas arraigadas en ideales colectivos de anti-capitalismo.” Esto último sí es la tapa de la estupidez. Comparar los movimientos de gomelitos loquillos alter mundistas que sienten un orgasmo al empedrar un Mc Donalds o un Citybank con la guerrilla de las Farc es, cuanto menos, un insulto a cualquier persona que tenga dos dedos de frente. Cilindros bomba; secuestros de 10, 12 años; fusilamientos internos ante cualquier acto de indisciplina; toma de poblaciones; bombardeos de iglesias; y collares bomba, para enumerar sólo algunos ejemplos dicientes, dan fe de que la comparación es un despropósito y un claro acto de manipulación que busca engañar a los jóvenes internautas del primer mundo que no saben para nada cómo funciona esta guerrilla en el país. Pero no nos dejemos engañar. Ni son románticos los “atardeceres en las carreteras empolvadas al borde de la selva amazónica”; ni los pobladores de las aldeas están orgullosas de la rebeldía de las Farc (al menos, no de forma voluntaria); ni los sonidos de las Farc representan la libertad -si algo no hay dentro de este movimiento es libertad-. Entonces, esta es una manifestación en contra de todos quienes creen que la revolución encarnada por la guerrilla de las Farc, es algo romántico y cool por ser anti-establishment. Oponerse a políticas que buscan privilegiar el capital y no piensan en el trabajador y la persona del común, es un acto loable y tiene toda su razón de ser. Apoyar a las Farc, quienes justifican actos de violencia despiadada contra la población civil y contra sus propios miembros, bajo la lógica miope de que “si vas a hacer una torta, algunos huevos han de romperse”, es, cuanto menos, una idiotez y una falta de respeto descomunal sobre quienes han sufrido directa o indirectamente el efecto de la violencia de las guerrillas en Colombia. Y estos no son pocos. El hip-hop, el bossa nova y el rock’n roll no pueden esconder todo el plomo que se ha repartido en nombre de la “romántica revolución”. Dejen de ser tan pendejos.
La promesa de Juan Manuel Santos de construir un gobierno de Unidad Nacional me suena tanto como al día de la manifestación nacional (y mundial) en contra de las Farc en la cual cientos de miles de colombianos portaban, orgullosos, sus camisetas blancas con el eslogan “Colombia soy yo”. Vaya mensajito este más arrogante, más hipócrita, más excluyente y más imbécil. Vaya populismo barato, vaya espejismo de la realidad enmascarado en un mensaje arribista, excluyente y violento. Quienes portaban las bellas camisetas te estaban diciendo, de manera implícita (bueno, ni tan implícita) “Colombia soy yo, pero tú no.” Colombia soy yo que odio a las Farc, amo a Juanes y Shakira, sigo a Camilo Villegas en City Tv y Colombia es Pasión.” Te miran con una cara de “este pobre diablo está perdido en la vida. Este niñato seguramente será seguidor de Chávez y Piedad Córdoba y no hace sino hablar mal de mi Colombia”. Porque no nos engañemos. Eso es lo que nos está prometiendo el recién elegido Santos. Un país representado en una amalgama de intereses (a cual más ruin) que dicen representar “todo” el país dejando a la oposición como un terruño de “resentidos que no aman Colombia”: aquéllos que se quedaron por fuera de la fiesta que es este país. Esto no es sólo una copia mala de ese nefasto experimento llamado el Frente Nacional en el que la violencia, la impunidad y la subversión crecieron como espuma. Época en la que el discurso revolucionario que afirmaba que las distintas formas de pensar la política sólo podían llegar al gobierno por la vía de las armas tenía mayor validez. Tiempos en que ese discurso calaba realmente en amplios sectores de la población y no sólo en los “campesinos muertos de hambre.” ¿Y eso es lo que quiere este país?; ¿unir para excluir? ¿Somos una sociedad excluyente?; ¿nos sentimos incómodos si no “tiramos todos para el mismo lado”? Pero, ¿cuál es ese lado?; ¿hacia dónde vamos a tirar? ¿Los problemas estructurales de este país se irán acabando si todos nos dirigimos para “allá?; ¿para dónde? No, no, son muchas preguntas y a nosotros nos gusta lo fácil porque somos un país light. “A mí sólo pónganme Rosario Tijeras y alárguenme la franja de farándula de los noticieros Caracol y RCN porque ‘Colombia es pasión’. Dejemos mejor al Gobierno trabajar porque ellos saben lo que hacen. No nos metamos ahí”. No nos queremos dar cuenta de que uno de las fundamentos de la democracia es la diversidad y que en la oposición, sea del color que sea, está uno de los pilares para evitar arbitrariedades y abusos de poder. Un poder ahora cobijado bajo esa mentira de la “unidad nacional”. ¿Cuál unidad si aquí no todos pensamos igual?. Si aquí no todos queremos que los gringos se vengan las bases colombianas a “vigilarnos” como si fuéramos el hijo bobo. Si aquí no todos estamos convencidos de que la guerra se está ganando y hay que seguir invirtiendo billones para sacar a las Farc del mapa. Entonces, queridos compatriotas lo que este prohombre nos está vendiendo es la utopia de vivir en un país sin debate. Aquí todos vamos para allá y nada se pregunta porque es de “mala educación.” Aquí todos estamos unidos para cuidarle los huevitos a Uribe porque todos estamos fascinados con esos huevitos. Es que son tan lindos y tanta prosperidad nos han traído a todos. Pero bueno, eso es lo que vamos a escoger. “Unid y reinarás.” Pobres diablos.
“Hey! Tu muchacha/o triste ven, pon tu voto (verde) ah!” No obstante, a diferencia de como reza este estribillo mal plagiado del clásico de los
La verdad, pensaba escribir sobre otra cosa porque este tema de las elecciones me tiene seco (y eso que se supone que esto es lo mío). Tanta
Pero esto de los jovenes; esto del voto modernillo; esto de los loquillos que iban a “dar ejemplo” e iban a forjar una nueva cultura política (bueno,
Se pueden esgrimir varias hipótesis con respecto a este desafortunado episodio. A continuación, las primeras que se me vienen a la cabeza con ningún 1. Llovió mucho por la tarde. 2. No encontraron la cédula. 3. El padre del hogar sentencio: “Aquí en esta casa votamos todos por Santos”. 4. Se quedaron viendo el “excelente” partido entre la Selección Colombia y Nigeria y ya después, daba mamera. 5. Se quedaron twiteando. 6. Se quedaron facebookeando. 7. Se quedaron chatiando. 8. Se quedaron guevoniando. 9. Se quedaron arrunchados con sus respectivas parejas (es que estaba haciendo mucho frío, lo sé). 10. Mucho guayabo, marica. 11. Al final decidieron que era más “seguro” irse por el uribismo play de Vargas Lleras. 12. Todas las anteriores.
A esta lista habría que agregar el pequeñísimo detalle de que el acceso a Internet en esta bella patria no alcanza ni la mitad de la población.
Pd. Espero que para la segunda vuelta, muchos jovenzuelos que se echaron a las petacas salgan a votar para colaborar a la causa no uribista. No
Bajo la lógica de que es necesario gravar todos los bienes (o males) que, de alguna forma u otra, agravan la condición humana para conseguir más recursos que saquen del coma permanente en que se encuentra nuestro sistema de salud, propongo que aprovechemos la oportunidad para gravar las otras drogas que aún no son socialmente aceptables. Estoy hablando de las drogas ilegales, entiéndase narcóticos, y la prostitución.Claro que para esto es necesario legalizarlas antes. |
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Carrera 7 no. 42-75 of. 502 // Bogotá - Colombia









































